Lujuria

Me como las uñas. Me sudan las manos. Camino sin sentido por la calle. Me olvido hasta de peinarme. Ando con una sonrisa estúpida en el rostro. Todo me parece color de rosa. Los dias grises, tipicamente limeños, no tienen el efecto maniaco-depresivo que tenían antes. El mal humor de mi padre y su ultra pesimismo no tiene cabida en mi vida. Me siento que vuelo sobre una nubecita diez centímetros por encima de todos.

A mi estas cosas me pasan muy rara vez.
Yo no creo que en amor a primera vista. De hecho, yo creo que si dos personas se ven en la calle, y resulta que existe una atracción instantánea, pues es pura lujuria, puro deseo carnal, puro sexo. No hay forma que el amor, un sentimiento tan complejo, se descubra en dos segundos en que cruzas miradas con un fulano que atiende en el supermercado o en un café cercano a tu casa.

Como ya lo dije antes, estas cosas no me pasan muy seguido. Esos “amores a primera vista”, que yo prefiero llamar Lujuria siempre pasan en el momento mas inesperado.
Quizá la primera vez que tuve uno de esos rayos que te caen del cielo que te dejan perpleja y feliz fue cuando llevé un taller de teatro hace tres años atrás. Por esos tiempos, yo tenía 19 años (ya voy para los 22) y conocía muy poco sobre las relaciones.

Yo siempre he sido una chica que le tiene especial aversión a todo ese romanticismo huachafo que tanto les gustaba a mis compañeras de clase, amigas, tias, primas, entre otros; Y nunca fui de las enamoradas que esperaban el Dia de San Valentín con ansias.

Así que aquella primera vez que crucé miradas con G, fue exactamente como si un trueno hubiese traspasado el techo de la clase y me hubiera partido en dos. Sonreí por supuesto y mantuvimos una sonrisa cómplice sin siquiera conocernos o saber nuestros nombres. Asi habremos estado un espacio de tiempo infinito en que ambos nos sabíamos complices del otro, dentro de la misma sintonía… o al menos así lo sentía yo.

Luego de eso, al momento de desarrollar otras dinámicas, conversamos un rato mas y llegamos a empatar muy bien dentro de un flirteo natural que brotaba de los dos como si las fuerzas cósmicas del universo nos hubiesen juntado en ese momento, en ese lugar con el propósito de conocernos y algo más. Al menos yo lo sentí así. En ese momento pensé que debía seguir adelante con un sentimiento tan fuerte. Así que en dos semanas más ya le había sacado su número y había organizado una reunión “casual” en mi casa con la finalidad de reunir a esa manga de idiotas que conocí ahí, pero principalmente, meter a G a mi territorio, tenerlo en casa, pachamanquearmelo como bien había imaginado, repetidas veces, metida bajo mis sábanas.

Con el pasar de las horas de aquella nefasta reunión, me fui dando cuenta que G tenía líos sin resolver con una ex (los EXes deberían simplemente desaparecer de nuestras vidas, por algo son “ex” ¿no?), que no dejaba de acosarlo, y por cada llamada que yo hacía a su celular, se alejaba paso a paso la posibilidad que algo pasara entre nosotros. Finalmente la magia del principio se desvaneció y quedaron solo cenizas que se llevó el viento con mucha facilidad.

Esos fueron tres meses del verano bien aprovechados, a pesar que no me resultó como yo hubiese querido.

La segunda vez que me pasó, fue cuando estuve de viaje en USA, pero no con un gringo, sino con un brasileño. Claro, los chicos y chicas que hayan conocido a un brasileño/a y lean este post, probablemente pensarán que eso les pasa a todos con un brasileño/a, porque ellos son muy abiertos al sexo, etc… pero bueno, es mi experiencia y la voy a contar de todas formas, porque algo tiene de especial para mi.
Me pasó exactamente lo mismo que con G, pero todo fue mas rápido (con los brasileños siempre es así). Cruzamos miradas cuando coincidimos en las compras semanales, y desde ese momento, cada vez que me lo encontraba en algún lugar común, había ese chispazo de la atracción mutua. Hasta el día en que coincidimos (por fin) en una fiesta, y si bien se acercó a mi en un principio, y había, si, una gran atracción de por medio, no iba a meterme a la cama tan facilmente. Pues esto a él le pareció un poco aburrido, así que cuando pudo, me tiró a un costado y se consiguió algo mas fácil. Que se le va ha hacer. El “amor” a primera vista no es algo que dure mucho.

Yo creo que esa atracción mutua es dificil se encontrar. Normalmente cuando conozco a un tipo y me doy cuenta que le gusto, pero él no me parece nada especial, pues hay una conexión, porque a una le gusta sentirse atractiva, pero no es algo que nazca de los dos. Con el tiempo, si es fulano en cuestión tiene características aparte de su físico que encuentro atractivas, puede que surga algo. Me imagino que eso le pasa a muchas chicas, y chicos también.

Mujeres mas maduras que yo me han sabido aconsejar, y me dicen que si bien ahora esa atracción instantánea, esa química que yo busco en otra persona, no es algo que tenga que aparecer a los cinco minutos de conocerlo. Es algo que se trabaja en pareja, algo que se construye.

Seguro que lo debe ser.
Pero por ahora, abramosle paso a la lujuria. Quizá lo otro llegue… con el tiempo.

Los dejo con esta canción, una de mis favoritas y parte de la banda sonora de mi vida, que me parece idílica para este post, y encierra todo lo que siento en esos momentos de lujuria y perdición, mientras camino por la calle, pensando en ese chico que me devolvió la sonrisa en el supermercado.

Gustavo Cerati – Paseo Inmoral, en Viña del Mar 2007.

Una respuesta a “Lujuria

  1. esta buena, me agrada tu madurez y como ves el mundo
    me trasnocho leyendote amiga, si que vale la pena

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