El juego

C ha vuelto con Pendejo, su novio de turno. Lo sé porque hoy la llamé para un cafecito y no me contestó el celular. No la volví a llamar de nuevo, fue ella que me habló como si estuviese en medio de la maratón 10k de Nike. Le sugerí un café y tras un largo “mmmm”, me dijo que tenía que hacer cosas del trabajo, pero que me confirmaba mas tarde si es que podía hoy o mañana. Nunca me llamó. Asumí que tenía cosas que hacer…
Al día siguiente, por la tarde, sonó mi celular. Era C. De nuevo, como si acabara de hacer footing por el circuito de playas, me dijo “Perdóname” quince mil veces, ¿como se le había podido olvidar llamarme? Tengo una idea: volviste con Pendejo.
Claro que no le dije eso… le dije que no se preocupara, que esas cosas pasan, y que me pase la voz cuando esté libre. No quería ponerme a lo Judi Dench en “Diario de un Escándalo” y que me acusen de amiga posesiva. Mejor mantenerme al margen de los líos carnivalescos que tenga con su mari-novio.
Mejor.
Así a una no la acusan de solterona, malhumorada, le falta sexo, aguantada, metiche, chismosa, perra, puta, desgraciada, envidiosa, entre otros adjetivos que suelen usar los hombres cuando sienten que la amiga de su novia está manipulandola para dejar la relación enfermo-masoquista que mantienen.
La vez pasada que hablé con C, ni bien entramos al Starbucks (mi punto de encuentro) me soltó una frase que condenaría nuestra charla posterior: Voy a dejar a Pendejo.
Pendejo es su novio. Obviamente no se llama Pendejo. Ese es un apelativo muy cariñoso que yo le puse para obviar mencionar su nombre, ya que no tiene la menor importancia como se llame. La cosa es que C está bien al tanto que Pendejo es pues… pendejo, y que no le gusta andar con una chica, sino con varias, y si bien parecía estar enamorado de C, parece que era una faceta, muy común de aquellos tipos que tienen complejo de Don Juan.
Pendejo tiene la costumbre de cagarla y luego llegar con un ramo de flores a pedirle perdón a C. Cagarla significaba llamar a C en la tarde, pactar para una cita mas tarde, y luego nunca aparecerse, ni llamar, ni mostrar señales de vida. Y cuando C lo llamaba le vénía con el discurso del macho soltero libre, sin compromisos, y le respondía con un “Flaca, no presiones” que la dejaba sin respuesta.
Ese día que fuimos al Starbucks (mi punto de encuentro), C y Pendejo iban a tener una larga conversación. Ella le había dado un ultimatum: O cambias o se acabó.
Ustedes pensarán que C está enamorada de Pendejo, y que él la está haciendo dar vueltas para luego dejarla botada en cuanto se aburra. No se preocupes, yo pensaba lo mismo. Pero si lo miran desde otra perspectiva, mas racional, podrán ver que todo esto, todo este lío no es mas que un juego que C y su novio tienen, que en verdad tienen todas las parejas.
Es el drama de tener esas emociones en sus vidas. Ya lo había visto en la secundaria, y pensé que mientras crecía esas cosas iban desapareciendo y las relaciones se tornaban mas maduras. Falso. Lo que pasa en la secundaria pasa a lo largo de toda tu vida. Pareciera que a falta de emoción, hay que darle un remezón a las cosas para volver a tener las ganas de verse de nuevo. Es parte del juego de las relaciones. Ella dijo, el dijo. Lo que sea. Hay que tener drama.
Pues entonces yo soy una monga total.
Yo pensaba que bastaba con la compañía de dos seres humanos para una relación.
Aparentemente no.

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