Pitufina

 

El día pasa como un trago de cerveza fuerte: raspa y sabe a orina de gato. Estoy cansada y no quiero escuchar la clase pero el profesor se empeña en enseñarnos unos jeroglíficos que ha dibujado en la pizarra.
Felizmente hoy no hace preguntas. Puedo pestañear un par de veces sin que lo note, o al menos sin que a mi me afecte mucho que se de cuenta. Al “pestañear” por tercera vez me doy cuenta que ya me perdí la mitad de la clase y el patita sentado a mi costado me mira con una risita idiota en la cara. Es imposible disimular, pero igual lo intento, toso un poco y trato que el sueño se me pase con un sorbo de agua. Bah, que me importa. ¿A quien en su sano juicio se le ocurre hacer clase después de la hora del almuerzo? Obvio que no soy la única que “cabezea” un rato…

Bueno, si la clase hubiese estado más interesante ese día quizá no me hubiese pasado durmiendo la mitad, y quizás no se me hubiera antojado un sundae de Bembos, para despertarme un poco, pero así es el destino supongo.

Si lo piensan bien estas cosas de amores y desamores, son estúpidas. En nuestras vidas enfrentamos pérdidas más grandes con mayor entereza. Pero cuando se trata del amor, hasta el más recio termina lloriqueando como un bebito sin chupón. El amor -o la falta de amor- nos lleva a hacer cosas absurdas.

Entré con la mente en blanco al Bembos, totalmente inconsciente de lo que me iba a pasar, totalmente inconciente de cualquier cosa. Todavía andaba medio idiota de sueño porque además de haber almorzado un Lomo Saltado, hacía un calor que toda la calle parecía un horno. Caminé al mostrador. El chico de la atención estuvo excesivamente alegre, lo cuál me molestó un poco. Era un gordito con cara de buena gente. Lo vi sonriendo y mirándome la cara, como si tuviese algo extraño. Pedí mi sundae con extra fudge y me fui al baño a mirar por qué rayos se reía tanto. Entré al baño y al mirarme al espejo di un mini-alarido al ver que todo el viento había hecho de mi cerquillo una especie de copete a lo Ace Ventura. Escarbé en las profundidades de mi cartera y extraje un peine. Arreglé el desastre como pude, y de paso me retoqué el maquillaje.

Maldito gordo imbécil. 

Bah, salí del baño como si nada hubiese pasado y esperé por mi sundae mirando las mesas alrededor. Había poca gente, no como esos días donde hay cumpleaños de chibolitos y el Bembos está hirviendo en mocoso pre-escolares que gritan y chillan y corren y babean (no, no son muy fanática de los niños). Pensaba quedarme un rato comiendo mi sundae, cuando en eso lo vi.   

Prendido de una chica mucho mas bajita y poco atractiva, se encontraba mi querido X (X de prohibido, X de venenoso) compartiendo una hamburguesa con papas. Estaban abrazados, como si estuvieran posando para un maldito fotografo. Se veían horrorosamente adorables. A pesar de eso, no podía evitar pensar que había algo fuera de lugar con esa imagen. Digamos que X no es la gran cosa, hablando fisicamente (y mentalmente tampoco), pero su flaquita estaba realmente por debajo de lo que yo consideraría como “la competencia”. Si hubiese esperado una competencia digna, al menos hubiera pensado en una chica de mi tamaño, no una que me llegara a la cintura. Si pues, ahí estaba yo, rajando en mi cabeza, riéndome a costas de la pobre chica, la pobre PITUFINA que no tenía idea de quién era yo y lo que significaba para mi.

Yo, en pos de superación, me quedé mirando un rato, esperando a que volteara para saludarlo. Al ver que no volteaba, pensé en mi estupidez, que lo educado sería acercarme y pasarle la voz, toda buena gente, toda buena persona. Dudaba de hacerlo mientras esperaba que el gordo imbécil del mostrador me diera mi sundae.

Recibí mi sundae y caminé hacia ellos. Mientras iba acercándome mi cabeza me gritaba que diera un giro a la izquierda y saliera por la puerta para huir de manera casual y sin despertar sospechas. Así era mas o menos la pelea en mi cabeza:
VOZ 1 (la histerica): ESTUPIDA, QUE ESTÁS HACIENDO??? TE CREES MUY SUPERADA RE-BABOSA???
VOZ 2 (la fosforito): Ay, que te importa, si la flaca ni siquiera está buena, ni siquiera es bonita, anda salúdalo, de repente la pitufina se pone celosa y terminan peleandose MUAJAJAJA!
VOZ 1: NOOOOOO
VOZ 2: SIIIIIIIII
VOZ 1: SAL, VETE, CORRE, CORRE!!! CORRE POR EL AMOR DE DIOS!!!
VOZ 2: NO, NO SEAS COBARDE, CAMINA HACIA LA MESA
VOZ 1: CORREEEEEEE
VOZ 2: NO HUYAS COBARDE!
YO: YA, BASTA.

Ya casi llegando a la mesa, X se volteó y nos miramos de frente a los ojos. Yo levanté la mano para saludarlo, sonriendo, pero él me ignoró y se volvió hacia su pitufina. Me quedé parada entre su mesa y la puerta de salida un par de segundos, totalmente desconcertada. Comencé a ponerme roja, y X ni siquiera se volvía. En mi cabeza pensada: ¿Se habrá confundido y habrá pensado que yo era otra persona? ¿Le costaba mucho saludarme? Me hubiera conformado con que mueva la cabeza asintiendo, una mueca en la cara, un hola desinteresado, pero QUE ME SALUDE!.

La verdad era ésta: Yo me había acercado a sabiendas a esa mesa, creyéndome más atractiva que su pitufina. Creyendo en mi ilusión (vórtice) que iba a darse cuenta de su error, o simplemente lo hacía para sentirme superior, para sentir que había superado esa etapa, no sé, quizá pensé en alguna escena de Dawson’s Creek, que se yo.
Me sentí -para variar- una lorna. Boté mi sundae en un ataque de pánico total, sintiéndome gorda y fea. Subí al primer micro que me llevara a casa y deseé no regresar mas a ningún Bembos en lo que resta de mi vida.

Solo me faltaba encontrarme con las FULANAS de la vez pasada y que justo en ese momento volviera ha hacer otro comentario sobre X y su pitufina. Felizmente el viaje estuvo tranquilo y el reguetón me hizo olvidar rápidamente del episodio de Bembos.

Tal vez debí imaginármelo.

Desde hoy, mi querido X, se me acabó la paciencia…

imagen: ¿la pitufina de X dentro de un par de años? http://forums.argentina-anime.com.ar/

Una respuesta a “Pitufina

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