Celos

Todas somos víctimas de los celos en algún momento.
Yo soy de las que caigo una y otra vez. Será porque soy una niña engreída que siempre -y cito a mi mamá- “he estado acostumbrada a tener todo lo que quiero”.
Bueno, no todo lo que quiero, al fin y al cabo, si bien tus padres te conscienten, el resto del mundo no tiene la obligación ipso facto de hacerlo… Así es como comienza el desencantamiento de la pequeña Carolina (esa soy yo).
Pero en verdad cuando realmente he sentido celos, o bien ENVIDIA por otra persona es en tema de… bueno, ya saben…. CHICOS y siempre de manera extremadamente descarnada. Imagínense que estoy pensando abrir una nueva categoría dedicada exclusivamente dedicada a mis celos desbordantes.

Celos, mi querida, es aquello que sientes cuando algo que quieres mucho es propiedad de otra persona. Pero no estamos hablando de los celos que le tenías a Martita cuando le compraron la barbie embarazada, no hija, estamos hablando de CELOS de verdad, CELOS que te crispan los nervios, de esos que tienes ganas de arrancarte un brazo, de golpearte la cabeza contra la pared… 

No recuerdo cuando habrá sido la primera vez que sentí celos por el mari-novio de mi amiga. Pero si recuerdo bien que a lo largo de mis cortos 21 -pronto 22- el arquetípico momento de CELOS ha sido ese en el que te das cuenta que tu amiga tiene mas jale con los chicos, y en específico, con EL CHICO que te gusta.
Recuerdo con desgracia que hace no mucho tiempo atrás, cuando todavía era un poco mas chibolita, digamos un par de años, me gustaba este chico que estudiaba conmigo. Me gustaba tanto que sentía todas esas maripositas babosas en el estómago cuando lo veía acercarse, imagínense! Bueno, un día estaba parada fuera del salón en uno de los breaks, en las clases que compartíamos, fumando un cigarrito. Por supuesto yo buscaba cualquier excusa para hablarle, aunque me costara HORRORES ir y entablar una conversación normal con él. Yo creía que todo iba sobre ruedas, me sentía realmente bien conmigo misma, incluso mas segura y mas confiada de mis dotes de seducción… Cuando en eso volteo hacia el salón, y veo a esa PEEERRRRA acercándose a él, tocándolo, pasando sus GARRAS MUGRIENTAS sobre MI POSESIÓN, MI HOMBRE.

Yo ya los había visto antes, pero no en ese plan. Sabía que eran amigos antes que yo lo conociera, pero aquella escenita me chocó en niveles que ni siquiera yo imaginaba. El cigarro que sostenía en la mano se hizo un acordeón, y no me importó quemarme con la punta. Ardía en rabia, mi cabeza iba a estallar mientras esta GOLFA pasaba sus manos babosas sobre él… y peor aún, él lo consentía como si fuese algo agradable… La boca se me fruncía, mis ojos redondos inyectados de venitas rojas, me había salido una vena en la frente que palpitaba, ya no podía torcer mas el cigarro que tenía en la mano…

Aún así, me contuve. Respiré hondo.

Me imagino que me vería super idiota mirando a través de esa ventanita redonda que tienen las puertas de los salones, con una expresión de rotweiller contrariado única, con ganas de saltar a la yugular de esa chica y no soltarla hasta que ya no se moviese. Si, de temer, realmente. A mi me entra una especie de MODO SUPERVIVENCIA, comienzo a escuchar ruidos de la selva, pájaros, monos, tigres, y siento realmente que soy como una leona en medio del Serengeti mirando como la gacela que he cazado está siendo devorada por otra leona.

Pero en vez de hacer algo me sentí mal, me sentí chiquita al lado de esa ZORRA que había ganado terreno con tanta facilidad. ¿Me había acercado a tocarle el brazo alguna vez? ¿Me había sentado a su lado sin sentir una especie de calor interno que me quemaba la piel?
Era una niña, una chiquita, una chibola.

Los días que siguieron a ese episodio no podía contener mis CELOS DESBORDANTES hacia esa mujer, que sin querer (me imagino) se había ganado todo mi odio. Realmente la detestaba. Detestaba su forma de ser, su forma de vestir, su forma de hablar, su ropa, sus amigas, todo, todo, todo. En mi cabeza la despreciaba, la tenía por menos. Claro que esto era una defensa, porque en realidad lo que pasaba era que me sentía atemorizada, o mas bien, intimidada por esta tipa que en un dos por tres había logrado lo que yo no había podido en un ciclo de carrera. Maldita perra.

Tanta era la inseguridad que había creado ese único episodio que comencé a cuestionarme cosas tan básicas como que si mi acercamiento a los chicos estaba bien, o si realmente no los estaba ahuyentando, o si tenía que cambiar mi forma de ser, mi personalidad, que se yo. Dios! ¿Tanto me gustaba ese tipo, como para cuestionarme la esencia misma de mi ser?

Con el paso del tiempo me di cuenta que no valía la pena. Me di cuenta que nada tenía que ver con mis dotes de seductora, o con algo de seducción para tal caso. Este tipo era un imbécil, y probablemente lo siga siendo. Ella, que se yo, me gusta pensar que ahora que estoy mas delgada y tengo un poco mas de seguridad en mi misma, las cosas han cambiado. Ahora es ella la que cuestiona su personalidad, y sus inseguridades cuando me ve caminando por los pasadizos de la facultad…

Lero-Lero, perra.

[imagen: http://forestdin.wordpress.com/category/imagenes-que-hablan/page/2/]

5 Respuestas a “Celos

  1. Wow!! yo kiero una leona como tu, jajajaja

  2. Genial!!!! Es tan reconfortante saber que los otros son el problema.🙂

  3. soss genial! ame tu blogg.🙂 i la fotoo!
    ro_manchada_@hotmail.com
    besoo.
    rooh.

  4. Gracias por los comments!
    SALUDOS

    Wini

  5. Pingback: “Salsas” o no “salsas”? « Cosas Imposibles

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