El Hombre Esponja

Todas lo hemos sufrido, todas lo hemos padecido. Viene y va, y no se detiene ante nada.

Estoy hablando de ese querido personaje típico de la fauna amorosa que muchas chicas detestamos. Estoy hablando del “Hombre Esponja”, ese fulano que es como una especie de garrapata: se agarra de cualquier cuerpo caliente y no para hasta haber succionado todo rastro de vida.
Todas hemos tenido un Hombre Esponja en nuestras vidas, de forma directa o indirecta, a través de una amiga que cayó en sus garras o nosotras mismas que cedemos ante la presión invasiva de su técnica mortífera.
He aquí un testimonio escalofriantes de como viví y sobreviví al Hombre Esponja, que espero sirva de guía para aquellas incautas chicas que están en peligro de ser sus próximas victimas.

Era diciembre y debo decir que me encontraba particularme sola. Era una presa fácil para el Esponja. Sin darme cuenta, entre villancicos y sentimientos de soledad típicos de esa época, entre año nuevo y su facilidad para “unir” a la gente que no tiene mucho que ver unas con otras, sucedió. La noche de año nuevo fue una locura total. Al día siguiente abrí los ojos para encontrarme en una cama que no era la mía. Estaba vestida (gracias a Dios) pero realmente no recordaba como había llegado ahí. De mi cabeza colgaban cerpentinas y tenía globos reventados a mis costados, pica pica en la cara y una resaca de los quintos infiernos. Bienvenido Año Nuevo 2007. Pero eso no era lo peor. A mi lado, yacía un cuerpo que no podía reconocer bien. Luego de largas horas de observación, finalmente pude regresar a la noche anterior. Tenía flashes en la cabeza de que es lo que había pasado. Todo sucedía de manera ilógica. Yo era expectadora de algo que no estaba segura si había pasado o lo había soñado.

De cualquier forma, aquí estaba al lado de este tipo que no sabía ni cómo se llamaba. ¿Habíamos agarrado? En ese momento entré en pánico. Me abrí paso en la cama -que era verdaderamente grande- y salí del cuarto. Pero sin saberlo, ya había caído en sus redes. A las 5 de la tarde del primero de enero del 2007 recibí una llamada que me dejó la espalda helada. Era él. Se hacía llamar Gustavo y quería invitarme a ver películas en su casa. En mi cabeza una voz gritaba NO, NO WAY, NO VAYAS, NO HAY FORMA.

Usé de pretexto la resaca y me libré de esa. Pero a los dos días, el teléfono volvió a sonar. Mi roomate me pasó la línea con una sonrisita idiota en la cara. Ya sabía quien era. En ese momento me vino un flashback de la noche de año nuevo. Yo hablaba con un brasileño que me había gustado desde el primer momento en que lo había visto. Todo parecía indicar que íbamos a agarrar, pero algo pasó, algo que no recuerdo bien, y luego pues veo una cara que no reconozco, un tipo llamado Gustavo que no sabía de donde había salido me alejaba rápidamente de mi futuro novio…

“-Alo?
-Hola, Soy Gustavo.
-Hola
– Que estas haciendo?
– Nada.
…..
-Vas a la fiesta?
-Que fiesta?
-Nada, una fiesta… yo te llevo
….
-Ya, a que hora vienes?
-Ocho.
-Nos vemos”

Colgué. ¿Que acaso no captaba mi indiferencia total? No sabía que hacer, pero me animé un poco ya que dijo que vendría a recogerme. Bueno, ¿que tan malo podría ser?
Ahora: cuando uno usa la frase “Que tal malo podría ser” hay que tener mucho cuidado. El 99% de las veces en que uno emplea esta frase, termina siendo peor de lo que uno imaginaba. Así es, es un hecho comprobado. Y ahi es donde aplica una segunda frase: Nunca digas que algo está mal, porque podría estar PEOR.

No sólo era el hecho que Gustavo no tenía tema de conversación, cosa que comprobé al momento de entrar a su carro y tratar de romper el hielo con una historia estúpida de como mis patéticas habilidades para esquiar en la nieve no tenían comparacion con las de unos niñitos de 8 años. Mientras contaba mi historia con lujo de detalles -realmente me gusta contar historias- lo único que el hacía era mirar hacia la pista, sin asentir o reírse o al menos pretender que le daba risa. En un momento dado, le puse un fin abrupto a la historia al verme totalmente desmotivada por su indiferencia.
¿Para que quería salir conmigo entonces?

Llegamos a la fiesta e inmediatamente saludé a quienes conocía y me alejé un poco de Gustavo. Realmente me molestaba su actitud, parecía interesarse/desisteresarse aleatoriamente por lo que yo tenía que decir, y me respondía con temas que no estaban relacionados para nada con lo que le estaba contando. Además interrumpía para hablar de si mismo. Para empeorar las cosas, no me lo podía sacar de encima. Quería incluso seguirme al baño. Pasé la peor noche de todas, y me arrepentí de haber aceptado su invitación. Le pedí que me llevara a casa.

Nos despedimos e intentó hacer algo asi como un acercamiento. Yo estaba lista para emplear alguna técnica de kung-fu/tae kwon do/tae bo/wantan/kung pao en él si es que intentaba besarme. Felizmente se retiró al último minuto y no pasó nada.

Así siguieron los días. Iba a una fiesta con unos amigos y de pronto, de la nada, Gustavo aparecía y se acomodaba a mi lado a hablarme del trabajo, de su vida, de sus cosas, siguiéndome a todas partes, no me dejaba en paz. Ahora había tomado una nueva modalidad: la de contarme de sus novias pasadas. ¿Quien en su sano juicio tiene ESE como tema de conversación? Lo lamenté aún mas cuando el brasileño en el que estaba interesada se desapareció al verme junto a Gustavo. Armada de ira, me fui de la fiesta y desconecté mi teléfono.
Cualquiera diría que ahí acabaría la cosa, pero no. Gustavo no demoró en pocas semanas en lograr meterse a mi casa. Estaba ahí antes que yo llegara del trabajo. ¿Como? Pues a punto de insistencia, convencer a mis idiotas roomates, y en unas cuantas semanas, era oficialmente mi novio… y eso no era todo, un día se apareció con una bolsa de ropa. ¿Íbamos a vivir juntos? No se como hice para aguantarlo tanto tiempo. Creo que era esa mezcla entre perrito desvalido e idiota la que me daba pena. Cada vez que quería botarlo de casa o interrumpir nuestra ¿relacion? cambiaba de tema o se hacía el que no entendía. Incluso pensé que se había enamorado de mi! 
Yo no sé que le pasaba a ese chico. Yo lo rechazaba, pero eso parecía avivar el fueguillo de pasión que existía -solamente- en su cabeza. Además era de lo más pesado. ¿Ya les dije que se quizo mudar a mi casa? Bueno, yo lo botaba todas las noches, pero un día quiso quedarse. “Bueno, domirás en la sala”, le dije. “Ah, como quieras”, me dijo con desdén, como si yo le hubiera prometido que algo pasaría. Gracias a Dios compartía el cuarto con otra chica, o sino, no hubiese tenido reparo en tratar de meterse.

¿Como iba ha hacer para librarme de Gustavo? Lo peor es que todo iba creciendo como una bola de nieve. Primero había empezado como un rumor de que estábamos, luego se iba afianzando cada vez más, para convertirse en un tórrido romance que había empezado con una noche loca en año nuevo. TODOS, incluido el brasileño con el que yo realmente quería estar, pensaban que habíamos tenido sexo como animales en año nuevo y que de ahí habíamos decidido estar. ¿Quien se había encargado de expandir estos rumores?… ya saben quién.

Estaba a punto de sufrir un colapso nervioso, cuando por casualidad, encontré el antídoto a mis males. Resulta que una chica que trabajaba conmigo había sufrido a Gustavo antes que yo… y había salido del vórtice… ¿Como había hecho?
Le imploré que me dijera como. “Fácil, me dijo, agarrate a alguien, a quien sea”.
¿Fácil, agarrate a alguien? “Vas a ver que empaca sus cosas y se va volando… eso si, prepárate para que diga cualquier cosa de ti”.

Una de esas noches mágicas, en las que todo parece encajar, no se cómo me libre de Gustavo. No encontré de nuevo al brasileño, pero si a alguien más. No agarramos (en ese momento), mas bien, fue Gustavo el que me dejó. De pronto, mientras bailaba logré ver a dos personas que se revolcaban en un sillón cercano. Era Gustavo y otra chica más que no conocía bien. Me sentí mas liberada que nunca. Creo que nunca he tenido tanta sensación de libertad como en ese momento. Incluso creo que llegué a entender un poco mejor a los hombres.

Pero bueno, ahí terminó mi trágico viaje con el Hombre Esponja. ¿Y que pasó con él? Pues sigue feliz con su querida esponjita, la chica del sillón. Como dice mi madre: Para cada roto hay un descocido.
Aprendí mucho de esa lección, y ahora soy capaz de predecir cuando un Hombre Esponja viene en camino. Son mas comunes de lo que uno piensa y a veces son mas inofensivos, o lo hacen porque están muy nerviosos, o son inmaduros y no saben bien que hacer con nosotras. Pero de los Gustavos hay que alejarse, mantener cierta distancia y cuando la cosa se pone peluda, esperar un milagro (como me pasó a mi), agarrarse a alguien o en el peor de los casos empacar maletas y mudarse a otro país…

 [imagen: http://elloco.wordpress.com/2005/12/12/bob-esponja-peruano/]

Una respuesta a “El Hombre Esponja

  1. Sin tu historia no hubiera podido darme cuenta q mi ultimo novio fue una puta esponja!

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