El Ataque del Hombre Lagartija

Hace unos meses llevé un curso de literatura muy bueno en el que a parte de las clases teniamos visitas de distintos artistas de otras ramas del arte para complementar nuestro aprendizaje.  En una de esas visitas fue que el Hombre Lagartija fue invitado para hablar entre otras cosas, de sus libros y me imagino, su experiencia como escritor.

No sólo obvio totalmente el tema, que debió ser la discusión de temas literarios, sino que pasó a contarnos su vida completa con lujo de detalles, en la que, por supuesto, él resultaba ser una suerte de observador agudo y mordaz, además de ser una especie de “sex-symbol” intelectualoide.

Yo escuchaba atenta a lo que decía, con curiosidad por saber, que CUERNOS tiene esto que ver con lo que hemos venido a aprender. Tomé las cosas con la ligereza y supericialidad del caso y seguí escuchando una historia sobre un par de holandesas que de seguro, de haber entrado un poco mas en confianza, nos la habría contado en un tono mas porno-erótico.

Digo esto porque a medida que logró soltar un par de risas del auditorio de diez personas que había en esa salita, nos comenzaba ha agarrar mas confianza y a contar mas detalles sobre su vida -su vida amorosa, para esto- que realmente no nos interesaba saber. 

Yo ya conocía bien al Hombre Lagartija. Cualquiera que haya leído uno de sus libros, podrá comprobar con mucha claridad y sin ahondar mucho en su persona, la transparencia que tiene al momento de escribir. Sobretodo, el hecho que a cierta edad a los hombres les agarra la crisis de estar envejeciendo.

Los hombres al llegar a los 40 o 60, dependiendo de su grado de madurez, agarran una crisis que no es otra cosa que miedo a envejecer. Se dan cuenta que los años no pasan por las puras y que en unos diez más bien podrían estar tres metros bajo tierra o vueltos unos viejitos te-te-le-me-mes. Así que deciden VIVIR A LO GRANDE. Dejan a la esposa, dejan tirados a los hijos y emprenden esa huachafada llamada LA SEGUNDA JUVENTUD, reenforzada con eslogans propios de los cigarros y cremas anti-envejecimiento como: La vida empieza a los cuarenta.

Bueno, al Sr. Lagartija esta crisis no se cuando le habrá agarrado, o tal vez siempre se pensó a si mismo como una suerte de JOVEN ETERNO, alguien que debía estar cambiando de esposa constantemente dado su “alto grado de sexualidad” o que se yo. Para mi, no es otra cosa que un viejito verde, un viejito libidinoso.

Dicen que los hombres viejos, al ya no poder descargar sus “ansias” de modo físico, desarrollan una libido que va más allá de cualquier barrera. Es decir, se vuelven unos mañosos de primera.

Cualquiera que fuese la explicación a su comportamiento, el Hombre Lagarto no dejaba de mirarme. Yo no voy a decir que soy una chica impresionante, pero digamos que esas cosas me pasan con cierta frecuencia. No me la voy a dar de sexy o algo así, pero pongámoslo de esta manera: ¿A que chica joven de 21 años no le pasan estas cosas? Realmente a casi todas, ¿no? Descubrí entonces que seguía mirandome de tanto en tanto. ¿Había hecho yo algo para despertar su curiosidad? Honestamente no lo sé, aparte de una ligera amabilidad en mirarlo cuando hablaba, o sonreír a sus chistes. Entonces me di cuenta que lo único que había cometido era ser la única chica del cuarto. 

Al terminar su monólogo, un amigo que estaba sentado a mi lado decidió pararse a que le firmara uno de sus libros, cosa que era costumbre en el taller (habiamos tenido invitado de la talla de Antonio Cisneros).
En ese momento yo me estaba parando para dirigirme al baño, al mismo tiempo que Jorge, mi amigo, se acercaba al Hombre Lagarto. En ese instante, Jorge le alcanzaba al libro al mismo tiempo que yo me paraba y el hombre lagarta alargaba su mano reptilia hacia mi. Yo no me había dado cuenta de aquello, pero al sentir el contacto con la superficie gelatinosa de sus patas lagartas, me di la vuelta. Ahi lo tenía, su cabeza lagarta mirandome de manera lasciva, y sus garras tomando mi brazo derecho. Me dijo algo así como Hola o Como estás, a lo que yo contesté con una sonrisa entre miedo, espanto, temor, asco y sorpresa.

En ese momento, y dada la situación, Jorge interpuso nuevamente su libro. El Hombre Lagarto ya no pudo seguir avanzando hacia mi y tuvo que volverse a prestarle atención a Jorge, que creo que nunca se dió cuenta de la que me salvo, y de cuán agradecida estaré de por vida. En ese momento, aproveché y huí hacia el baño y no salí hasta que tuve la certeza que había tomado el ascensor y no regresaría MÁS.

Unas semanas después mientras aguardaba fuera del salon en uno de los breaks, escuché una de las conversaciones entre los profesores. Hablaban del hombre lagartija. Ya que era amigo de uno de los profesores, uno le contaba al otro como una curiosidad o amenidad que el hombre reptil estaba tomando clases de tango.

Al escuchar esto, no pude hacer otra cosa que producir un sonido de asco que lamentablemente escucharon. Me hice la loca y me fui caminando hacia otro lado. Me imagino a la desafortunada pareja del hombre lagarto, cediendo a sus roces geriátricos, tratando de soportar sus avances de viejito libidinoso…

 

PD: Gracias por el comentario sobre las Cucarachas. Ahora duermo mejor con mi raid en la mesa de noche.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s