A la decimo cuarta va la vencida…

Desde que cumplí los 18 estuve decidida a terminar de una vez por todas con mi virginidad. Si, digamoslo asi de sencillo.

Pero terminar con ese estado no es nada sencillo, no señor.

Primero, describamos la situación en la que me encontraba hace nada mas y nada menos que tres años atrás…
Acababa mi primer año de universidad. Diez kilos de sobrepeso. Una creciente adicción por mirar chicos. Mucha, pero mucha timidez. Baja autoestima.

En fin, no eran buenos tiempos. Llegó el verano y decidí meterme al gimnasio. Como toda amateur, gasté mis energías en una semana. Estaba muerta, adolorida y seguía gorda. Pero no me iba a rendir. Tenía en mi mente la única razón por la cuál alguna vez pisé el maldito gimnasio: a los chicos no les gustan las chicas gordas.
Seguí, decidida a complacer a ese chico inventado que tengo en mi cabeza desde que recuerdo. Un chico inventado, un chico perfecto que llenaría todas mis espectativas. Un chico que obviamente no existe, pero que en ese momento pensaba fervientemente en encontrar, en la universidad, en la calle, en el supermercado, en el cine, en la discoteca, escaneando toda esquina posible hasta encontrar con ese rostro que todavía no existía, en busca de la llave para abrir el cofre maldito de la virginidad. A veces, sentada entre las máquinas de pesas, pensaba con desilusión en mi fortuna: Que sería de mi si no encontraba a ese chico especial? Que sería de mi si me quedaba virgen hasta los 30?
Aquellos pensamientos comenzaban a opacar mis ideales, a destruir mi esperanza. Pensaba lo afortunadas que eran esas chicas que tenían enamorados desde el colegio, que ya habían sacado de sus vidas esa marca, ya podían hacer check en esa lista imaginaria de cosas que uno hace a cierta edad. Me sentía una vieja ridícula, una triste vieja ridícula, una lorna total que nunca había podido culminar ese momento tan ansiado.

En fin, como lo repito, no eran buenos tiempos.
Después de ese verano agotador, bajé finalmente los kilos de mas. Me sentía y me veía bien, y ¿que es lo primero que hace una chica que baja de peso? Se pone coqueta, se compra diez mil falditas cortas y sale a la calle con la certeza de que ahora si está DENTRO y no en la periferia de ese mercado limeño de carnes frescas.

A los 18 que sabe uno de esas cosas… nada realmente. Todavía me costaba mantener fija la mirada en un chico que me gustaba. Me ponía super nerviosa y finalmente desistía, corría lejos, lejos, tan rápido como una falda microscópica me permitiera.

Puede parecer ridículo, pero creo que cuando una chica comienza a aceptar mejor su sexualidad es cuando llega a los 20. Al menos, siento que eso pasó conmigo. A los 20 una ya no es esa chiquilla nerviosa -a diferencia de los hombres, que esa etapa llega a los 30…. si llega-, ya no es esa adolescente timida, no señor. Te vas dando cuenta el efecto que tienes sobre los hombres, y valga la pena decirlo, es bastante obvio en muchos de ellos, sino en todos.
A los 20 uno se da cuenta que con una mirada puede hacer trastabillar a un tipo que viene en dirección contraria, y eso es suficiente para redimir los 19 años anteriores de malas rachas con los hombres.

Desde los 18 a los 20 no pasó mucho. Tres meses antes de cumplir los 21, y ya sintiendo el peso de seguir siendo la única virgen de 20 años en todo el mundo, me encontraba entre deprimida y esperanzada, de que aquel hombrecillo aparecería con mas facilidad.
Ahora, quiero aclara una cosa, sólo por si acaso mis tías odiosas y algunas cuantas arpías y brujas envidiosas lean este blog: Oportunidades he tenido, sólo que no he querido tomarlas.

Una de las cosas que se me quedó grabada en la cabeza, quizá tatuada, para la eternidad fueron las palabras elocuentes de mi madre, mis amigas, mis primas, de nuevo las tías odiosas, y de nuevo las arpías y brujas, y una veintena de series y novelas: “La primera vez es algo especial, hazlo con alguien que de verdad te guste”.

Ok, pero…. ¿y si no me gusta nadie?
Pasé mucho tiempo buscando un candidato que se acomodara a mis exigencias. Adivinen que: NO EXISTE. Esa cosa que está dentro de nosotros que se llama LA RAZÓN, no es algo que empleemos mucho, y menos en cuestiones del amor, romance y sexo. Racionalicé mucho mis gustos y al final me di en la cara con mi propia racionalidad y practicidad porque me comenzó a gustar un chico que no tenía nada que ver con lo que había pensado. El problema es que él aparentemente no estaba interesado en mi, y si alguna vez lo demostró, nunca llegó a pasar nada.

Otra vez, voltear la página y seguir pa’lante nomas.
Aquella fracesita de tienes que esperar a alguien que te guste porque esa vaina es especial, me estaba llegando al…. así que en un viaje que realicé fuera del país me decidí ha hacerlo con quien venga. Asi es, estaba decidida a hacerlo con el primer idiota que se cruzara por ahí, sin reparar en otra cosa que no fuera atracción física y punto. A la mierda, me dije a mi misma, vamos ha acabar con esta vaina de una vez por todas.

Cuatro veces llegué a estar en la cama con tres chicos diferentes: la primera vez fue un completo error, y es algo que lamenté por semanas. Fue cosa de una fiesta, tragos, nos llevábamos bien y yo estaba en un frenesí completamente ilógico por acostarme y ya. Llegamos a estar en la cama, pero en el instante en que comenzó a destapar las sábanas, supe que había cometido un error. Lamento mucho por el pobre chico, porque estoy segura que estaba completamente entusiasmado, y de hecho yo hice todo lo posible para que lo estuviera. A su lado era un cubo de hielo. Pasé la peor noche de mi vida y al día siguiente, con las primeras luces del sol entrando por la ventana, huí. Sí, huí como una maldita cobarde. Tomé mis cosas al vuelo y me largué sin siquiera despedirme.
Lo vi un par de semanas mas en las que siguió buscándome al trabajo, convencido que todavía podía existir una posibilidad. Incluso pensé que se habia enamorado de mi, por la insistencia en que venía una y otra vez a buscarme, a pesar de mi indiferencia.

Finalmente desistió, o mas bien, se encontró a otra que si atracó all the way.

Aquello no me afectó mucho, y anduve un tiempo sola. Hasta que encontré al brasileño.
Otra vez, la misma historia de siempre. Tragos, una fiesta, música, nos llevabamos bien. Le pregunté por su novia, porque sabía que salía con una chica brasileña tambien, a lo que me contestó: Hoy no tengo novia.
Me reí nerviosamente, y seguimos en coqueteos toda la noche. La fiesta ya se terminaba y yo sabía que él iba a buscarme, y sabía lo que iba a pasar. Me hice la loca y en un momento en que no me estaba viendo, tomé mis cosas y me largué. Otra vez estaba huyendo. No lo vi más, quizá volvió con su novia.

La tercera vez merece un trato un poco mas especial: este chico era muy amable conmigo, y era mayor que yo. De esta huida, la numero tres, me arrepiento hasta ahora. Llegamos a la puerta de mi departamento y para esto yo ya no sabía bien que mierda quería, si hacerlo o no, él se dió cuenta y no me forzó ha hacer nada. Se durmió en el sillón de la sala como un caballero total y yo dormí en mi cama, tranquila. Al día siguiente nos despedimos y de vez en cuando nos veíamos en el trabajo. Yo sabía que le gustaba, pero nunca me decidí ha hacer algo. Ahí quedamos, como amigos, y él luego estuvo con otra chica, para probar una vez más que las oportunidades solo llegan una vez en la vida, las tomas o las dejas.

Con eso en mente, me embarqué en mi último intento, y el mas desastrozo de todos: No solo estaba completamente borracha, sino completamente ciega. Después de lanzar un vergonzoso número de baile regetonero en medio de la sala de la casa donde estaba la bendita fiesta a la que fui, nos trepamos uno encima del otro en una agarre monumental sobre el sillón de la misma sala, a vista y paciencia de todo el mundo. Mis amigas no me reconocían, y con eso les digo bastante. Después de aburrirnos de besuquearnos las caras por mas de media hora, había llegado el momento cúspide. Yo, igual de indecisa, pensaba que no era tarde para huir. Pero mi razón entró en juego, esa maldita razón, y me empujó a subir las escaleras hacia el cuarto, pensando en mi experiencia pasada.
Pero eso no es lo más ridículo de todo. Subiendo las escaleras, ya entrando al cuarto, entre besos y otras cosas, él me mira y me pregunta lo siguiente, con una mueca imbécil que nunca voy a olvidar: Este… disculpa, ¿como te llamas?
Si en algún momento de esa media hora, cuarenta minutos que estuvimos agarrando en el sillón tuve una pizca de deseo sexual por este tipo, con esa frase todo había desaparecido.
Igual nos tiramos en la cama, y supongo eso es mas patético aún, y de verdad un poco estúpido de mi parte pensar que como ya habíamos llegado tan lejos, decirle ahora que no quería nada era como engañarlo. Para su desgracia y para mi buena suerte, al tirarnos sobre la única cama -aparentemente- vacía, chocamos contra algo que parecía ser un cuerpo humano. Alguien comenzó a gritar, y no eran dos o tres, sino cuatro personas metidas en una cama, haciendo DIOS SABE QUE, que no me quiero enterar. Para esto, la luz estaba apagada. Al prenderla, vimos a los individuos, dos parejas, y yo simplemente me salí de ahí. Él me siguió, obviamente y para evitar mas roches, me junté con otros patas amigos que habían encontrado un colchón bien grande para dormir todos apiñados. Al día siguiente, con las primeras luces del día, inicié una vez más mi huida. No volví a ver a ese chico nunca más. Me imagino que siguió sin recordar mi nombre.

Y así concluyó el capítulo de sucesos inesperados sobre mi vida sexual, o la inexistencia de la misma, como prefieran.

Por lo que a mi concierne, he decidido esperar, y estoy convencida que algo bueno tiene que venir, y pronto, porque me estoy aburriendo mucho, maldito miserable.

4 Respuestas a “A la decimo cuarta va la vencida…

  1. me ha fascinado tu historia!! muy interesante!! no podia dejar de leer!

  2. orale esava aki aburrido en mi ds buskando k leer la vdd k mal pedo porti supongo jeje me entretuve leyendo un rato gracias espero k kieras contactarme para charlar un rao i o espeo leer pronto parte de tus aventuras jajaja

  3. Pingback: Nuestra amiga la soledad… que se vaya de paseo! « Cosas Imposibles

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