Facebook: tu punto de encuentro

No lo quería creer, al inicio pensé que todo acabaría en unos años, que correría la misma suerte del HI5. Pero no, el Facebook resultó ser la plataforma ideal para que mi generación se conozca. Si no crees que sea así, si piensas que es insano, loco, extraño, raro, pues estás muy equivocado. Yo ya he comprobado que la gente de mi edad ha encontrado a través de las publicaciones varias en sus muros la forma de comunicarse con su grupo de amigos, mas o menos extenso, entre los 250 y 500 amigos (uno llama amigo a quien sea en estos días), no sólo las salidas del fin de semana, viajes y eventos importantes, sino también dar a conocer sus gustos musicales, videos del youtube, bromas, y pensamientos no tan profundos, divagaciones inconexas o declaraciones absurdas.

Más importante aún, el Facebook se convirtió en una plataforma importante para el gileo electrónico. Si bien antes uno podía usar y abusar del messenger como arma para conocer a una persona sin necesidad de armar un plan aparatoso para encontrárselo casualmente en algún bar barranquino (digo barranquino por poner un ejemplo, eh), el facebook ha facilitado el asedio, la obsesión y el vouyerismo hacia la persona o personas que pongamos en la mira.

Basta con darle un par de visitas diarias a esa mendiga página para enterarse de muchas cosas que nuestros padres, por citar ejemplos, nunca se hubieran enterado hasta ya avanzadas citas o quizá convivencia con sus respectivas parejas. La clase de conclusiones que podemos sacar sobre una persona son increíbles.

Claro que no estoy diciendo que uno puede conocer a alguien por su página de facebook. Hay que recordar que todo lo publicado ahí corre por nuestra supervisión, eso quiere decir que no publicamos lo feo de nosotros, lo desagradable, lo que espantaría a cualquier persona común y corriente, por decir algo, mi terrible tendencia al desorden: si alguien le tomara una foto a mi cuarto y la publicara en el facebook me mataría socialmente.

Como lugar para conocer a alguien está bueno. Sobretodo si la persona que te gusta no es parte de tu entorno inmediato, como la oficina o la universidad, es decir, no lo vas a ver todos los días. Despreocúpate. Falta hacer unas cuantas publicaciones o esperar alguna salida para que alguien te tagee en la foto (eso si, una buena foto). Vas a demostrar cualidades de amiguera, de pata, de juerguera, vas a parecer una chica divertida, llevadera. Solo hará falta que alguien comente la foto, uno de tus amigos, y tu le contestes con alguna broma sarcástica. Ya está, saldrá publicada en tu muro e inmediatamente serás una chica simpática, graciosa, agradable. Alguien con quien los demás querrán relacionarse. Luego podrás adornarla con algún video de una canción que te gusta mucho, y mejor si tienen esos gustos en común. Una que otra publicación te asegurará la “propaganda” que necesitas para que ese susodicho (o susodichos) caigan en tu red. Además, si acaso cae un evento en común a donde atenderán, siempre podrás aparecer, gracias al aviso pertinente del Facebook. Y claro, limará aquellas pequeñas aristas incómodas de timidez, porque ya sabrás de antemano varios temas de conversación en común de los que podrán hablar por horas.

A mi el Facebook no me parece alienante. Quizás saber de más de algunas personas resultará eventualmente algo malo, o por ejemplo, el hecho de tener a una ex pareja ahí y seguir enterándote de cosas de él, como que se casó y tuvo hijos con la zorrita por la cuál te dejó. Pero ahora, a mis 24 años, estoy comenzando a disfrutar de sus beneficios. De hecho, en cuanto a mi vida social respecta, el Facebook me queda muy bien.

¿Y usted lector, como le cae el Facebook?

Me equivoqué

ACTUÉ COMO UNA LOCA Y RECIÉN AHORA LO ENTIENDO.

Hace ya varios meses conocí a un chico. Pasamos el tránsito usual de agregarnos mutuamente al msn y facebook (pase obligatorio en estos tiempos para cualquier historia pseudo romántica on-line) y luego de hablar por unos meses, familiarizarnos uno con el otro y etcéteras, pasamos a conocernos personalmente. Fue una sola vez, un par de horas en un café conocido. Yo pensé que ese encuentro iba a ser el primero de muchos, pero luego me decepcioné mucho al comprobar que las cosas no seguían con el plan que yo había trazado en mi cabeza. De forma cortante y determinante decidí eliminarlo de mis redes sociales y de paso, ponerme el cartel de loca de mierda.

Digo loca de mierda porque después de analizar la situación, no merecía que me la tomara tan en serio y arremetiera con todo contra ese chico que se preguntó un par de semanas qué carajo me pasaba por la cabeza.

Al principio estaba muy segura de mi decisión. Según yo, él me había avergonzado porque yo había asumido que habíamos comenzado a salir cuando él en un momento me aclaró que no estábamos saliendo, y encima de todo, me comenzó ha hablar de sus amores imposibles con fulanita y menganita, como si yo fuera su pata, cuando en verdad yo quería ser su novia.

Todo eso lo junté y lo usé para darme valor y eliminarlo, en pro de sacarme de encima viejas taras y traumas del pasado con uno que otro perdedor al que se me ocurrió darle bola. Probablemente me la agarré con él porque todavía seguía pensando ilusamente en otro tipo al que yo había asociado con él inmediatamente y como no podía eliminarlo o sacarlo de mi vida -por cobardía y estupidez- dirigí mis dardos venenosos hacia él.

Ahora que ya pasó un tiempo de eso, me queda aprender una cosa muy importante: A la gente hay que darle espacio para que tome cartas en el asunto. Ya había escuchado por ahí que los hombres le dan mil vueltas a las cosas antes de poder finalmente hacerlas, que toman valor, que esperan a que uno le de señales de aceptación (a veces bastante obvias) y que difícilmente una va a conocer a un tipo de 20 y tantos que sea tan seguro de sí mismo que simplemente venga y te mueva el piso. Hay que tenerles paciencia y eso me ha faltado en las relaciones que he tenido últimamente.

Quizás si le hubiera dado espacio a este chico hubiera pasado algo entre los dos, pero seguí mis impulsos idiotas y me jodí un buen tiempo en que quizás nuestra relación hubiera avanzado. No sé. Quizás no hubiera pasado nada, pero nunca lo sabré por una decisión basada en cosas que no tenían nada que ver con él, sino con otro tipejo que ya no me interesa ver nunca más.

Lo sabio de mi parte hubiera sido dejarlo ahi, bajar las revoluciones y ver cómo reaccionaba, si en algún momento se daba cuenta de que estaba cagando la situación con comentarios que no venían al caso.

Además, cada vez que lo comparo con los novios que tienen mis amigas pienso que tenía cosas mucho más positivas que cualquiera de ellos. Pero ya, tampoco es que lo voy a buscar y le voy a escribir implorándole que me vuelva a aceptar en el facebook. Lo que si es que me queda de lección que no tengo porque rechazar a las personas si no hacen lo que yo creo que van ha hacer.

Yo siempre he idealizado mis relaciones y no puedo evitar imaginar a las personas y darles roles que creo que deben tener. Cuando eso no sucede en la realidad, normalmente me deprimo y finalmente me decepciono tanto que tomo decisiones impulsivas y drásticas como esa vez. Voy a intentar cambiar eso, tener mas paciencia y dejar de obsesionarme con que las cosas salgan como yo quiero que salgan. Digo, hay un gran distancia entre aceptar patanerías y simplemente convivir con la gente. Ser tan radical siempre te va a dejar sola. Hoy ya lo comprendí. Tengo que apreder a tomarme estas cosas menos en serio y vivir un poco mas relajada.

Una canción para pensar en las personas que rechazamos a veces por tonterías.

Alguien que me quiera, Alguien a quien querer

Tengo tres amigas. Las tres viven preocupadas de tener pareja. Las he visto evolucionar (o involucionar) hacia distintos hombres que en general tiene una única cosa en común: están ahí. Y con eso no me refiero a que están ahí para ellas cuando los buscan, sino más bien que resulta que ellos estaban disponibles y punto. No interesa mucho si tienen ideas en común, si son inteligentes, si son bonitos, si son mucho mayores que ellas. Lo único que interesa es que respiren, caminen y sean mas o menos presentables con los demás. Entonces me quedó clara una cosa: las mujeres por lo general buscan compañía, tener a alguien, quien sea con tal de no estar solas. Si el tipo las trata bien, se sienten contentas. Si el tipo las trata mal, se sienten mal pero lo esconden y sopesan el asunto. Ellas funcionan como esponjas: se adaptan al fulano en cuestión sin oponer sus ideas o su criterio (que no es lo mismo que imponer). Los acompañan a donde vayan, cancelan sus planes por ellos. No interesa que hayan quedado con otras personas, si él decide llamarlas para salir, cualquier otro arreglo pierde importancia. Total, estar sola es peor. Quizás ellas la tienen difícil. Quizás es que a sus familias poco les importa que hacen con sus vidas. Quizás tienen una necesidad enorme de que alguien las quiera. Quizás quieren que alguien se encargue de ellas. No lo sé. Lo concreto es que ellas constantemente se fuerzan a querer a un tipo, como si la vida de soltera fuera una condena.

Yo lo que quiero es alguien con quien compartir cosas, que tenga mas de dos neuronas, que no sea un patán, que no fuerze las cosas, que me lleve el paso, con quien ir al cine, con quien ir a un concierto, con quien bailar y pegar de saltos los viernes por la noche, con quien hablar de música, con quien divertirme, con quien reírme. Yo quiero querer a alguien, conocerlo y sentir que deseo pasar tiempo con él. Sentir que lo quiero, que le tengo afecto, que le tengo cariño. Yo pensé que todas las chicas queríamos lo mismo. Obviamente me equivoqué.

John, I love you

Yo nunca abro esas presentaciones de power point que mandan algunas personas por mail. Primero, porque normalmente vienen con fotos de perros y gatos fotochopeadas mal y con algunos mensajes “filosóficos” sacados del último libro de Paulo Coehlo. Segundo, porque probablemente sea un virus.

Pero hoy, una amiga que nunca manda estos correos masivos del horror envió uno titulado LENNON y me llamó la atención. Cualquier cosa sobre John Lennon garantiza mi total concentración. Así que era una presentación con fotos de él y una suerte de discurso sobre el amor y las ideas prejuiciadas que nos marcan desde chicos sobre lo que es amar a alguien. Cosas como que para ser completo hay que encontrar a nuestra media naranja, alguien que nos complete, o que hay un “gran amor de toda la vida” que normalmente pasa antes de los 30. Cosas como que tu pareja tiene que pensar como tú y actuar como tú para que la quieras; o que es necesario que pierdas tu individualidad por la pareja.

La gran frase que enmarca todo este discurso fue algo que me gustó mucho: Primero hay que enamorarse de sí mismo para poder amar a otra persona, cosa que suena bastante egocéntrica pero que es totalmente cierta. ¿Como una persona que no se quiere a sí misma va a poder querer a otra? Yo estoy conciente de que en algún momento (digamos, varios pequeños momentos a lo largo de mi vida) me he obsesionado con hombres que no me hacían bien,  y que muchas veces los quería tener sólo por el hecho de tenerlos. Tampoco digo que ser una persona libre y tener una vida sexual saludable sea malo, pero como también dice John en algun momento, nadie te puede dar la fórmula de la felicidad, ni tampoco cómo se debe querer, ni cómo vivir bien. La cosa es que a pesar de todo, de la vida, de la gente, de las buenas y malas ondas, sepas quién eres, qué quieres y querer eso de tí mismo. Lo demás, cae por su propio peso.

C’est fini

Hoy escuché una frase que me gustó mucho: “Cuando cuentas tu historia no sólo estás contando tu experiencia personal, sino también la historia de muchas otras personas”.

Eso de alguna forma me reconforta porque pienso que bloggear no es tanto perder el tiempo, sino botar un poco de lo que ronda por mi cabeza y contrastarlo con los que me lean.

Hace un buen tiempo que superé una experiencia personal negativa que me obsesionó buena parte de mi vida universitaria. Ya tenía harta a mis amigas con mis historias, así que decidí abrir un blog y contarlo todo, cada ínfimo detalle, cada pelo de obsesión que rodeaba a ese chico del cuál no pude ni mencionar su nombre sin que se me encogiera el corazón. Lo disfruté, no lo niego. Fue un placer culposo. De pronto tenía tanto que decir y todo brotaba con fluidez.

No sé que dia fue, ni cómo sucedió exactamente, pero decidí dejarlo atrás. Creo que mi decisión partió fundamentalmente de revisar lo que había escrito y darme cuenta de lo irracional que me había vuelto.

Entonces escribirlo si había servido de algo. Pero eso era parte del camino. La otra parte esa decididamente dejarlo atrás. Decidirme a olvidar, que no fue fácil. Seguí escribiendo de él un buen tiempo, hasta que, tal vez porque me cansé de hablar de él, simplemente ya no me llamaba la atención, ya no quería gastar tiempo en recordarlo, pensarlo, analizarlo. Me harté y lo dejé ir. Solté la cadena y abandoné todos los sentimientos que tenía por él. Me di cuenta de que todo había sido una fantasía en la que me gustaba estar. Acepté mis errores y seguí adelante.

Y todo esto lo escribo por la misma razón por la cuál escribí de él en primer lugar: Alguien en algún lado del mundo que lea este párrafo se va a dar cuenta que su historia no es tan distinta a la mía, y que la obsesión no te lleva a ningún lado mas que al sufrimiento. Sufrir no es querer con ganas. Sufrir es sufrir y punto. A veces pareciera que queremos eso que nos cuesta tanto, pero en serio, ¿hasta cuando uno puede seguir insistiendo?

Hoy esa historia se terminó. La envolví en un paquete que tiré al río.

¿Y tú, lector desconocido, no tienes una historia que también quisieras botar por el inodoro?

Yo viví el mundial

Que horror. Me la pasé todo junio y primera semana de julio sin postear NADA del mundial, el mejor mundial que he visto hasta ahora, aunque eso no dice mucho, ya que he visto mundiales de manera consciente desde los once años, mas o menos.

El mundial parecía que se iba a ir a la mierda. Hacerlo en un país en desarrollo y ni bien empezaba la fiesta ya le habían robado a no se cuantos periodistas. Honestamente pensé que iba ha ser un desastre, pero salió todo excelente. La mejor fiesta del fútbol. Me hubiera gustado ir. Será cosa de esperar cuatro años para Brasil 2014. Ahí si no me lo perderé, espero.

Las cosas que me gustaron más de este mundial fueron las sorpresas. Ver a Uruguar llegar tan lejos, apostar que Alemania iba a llegar a la final y verlos caer con una increíble España, que no era mi favorita, pero que debo admitir obviamente que jugaron de la puta madre. Eso es lo mejor del fútbol, que depende de tantos factores. No sólo es tener buenos jugadores, sino el estado emocional con el que se enfrenta el partido. Es como la vida, hay veces en que todo puede estar de tu lado, hay veces en que por más esfuerzo que hagas, todo se va al carajo.

Disfruté mucho los partidos porque tuve la suerte de regresar temprano del trabajo, aprendí datos de los jugadores de fútbol que ya me voy a olvidar en un par de semanas, me peleé imaginariamente con los comentaristas, y si, también me enojé cuando perdieron los equipos a los que le iba, pero lo mejor de todo fue vivir el mundial en mi casa, en el trabajo, con los amigos, y hasta en el facebook.

Lo único que odié del mundial fue (no la canción de Shakira, no) que mi jefe le preguntaba solo a los hombres de la oficina si habían visto el partido o no. En serio, a estas alturas de la vida, esa actitud machista ya debería de lapidarse de una vez por todas. Y si, yo también tengo una opinión sobre las jugadas. Y no, no veo los partidos nada más para ver a los jugadores churros (claro que es un plus, innegablemente).

El fútbol es un deporte que une a la gente. No creo que exista en el mundo un deporte que tenga la fuerza que tiene el fútbol. Ahí se junta la idiosincracia, fe, esperanza y estado de ánimo de una nación completa, en once hombres que salen a la cancha a darlo todo por su camiseta, por su país. Al menos así lo vemos nosotros, los que miramos a través de la pantalla del televisor o los que tienen la suerte de gritar en el estadio. Cuando un país se quiebra, se ve en el único deporte que es capaz de salvar todas las diferencias, el único que hace que el mundo se detenga por un mes, que nadie esté interesado en otra cosa que no sea ver los partidos, vivir la experiencia, gritar, quejarse, pelearse con tu papá, tu hermano o tus amigos, sobre aquel penal, ese tiro libre, ese corner, sobre quién jugó mejor, sobre ese jugador que se sacó la mierda, sobre el árbitro que es un pelotudo…

Yo viví el mundial.

Y ahora, haciendo zapping en la tv por la tarde me falta algo.

Habrá que esperar otros cuatro años.

La verdad incómoda

Yo siempre pensé que las relaciones se complicaban porque las personas no son sinceras una con la otra y que si uno es abierto sobre lo que quiere y espera se podía evitar el drama que trae ese desencuentro de expectativas de cada uno. Lo cuál es una rocasa total.

Lo comprobé la vez que salí con un chico que me caía muy bien. Nos pusimos ha hablar de todo, hasta que llegamos a la parte donde cada uno da su opinión de las relaciones y porque miércoles se complican tanto. Parecíamos estar de acuerdo en lo mismo: Que no queríamos nada serio y que etiquetar las cosas desde un principio era como ponerle una bomba de tiempo a la relación, que mejor comenzaba como una amistad, entre otras frases que pensé que lo relajarían, que le haría ver que no soy una loca desesperada que busca tener novio a como dé lugar.

En mi mente, se me había ocurrido que si era sincera de arranque y le hacía ver que compartíamos la misma visión sobre las relaciones, entonces iba a apreciarme mejor y no iba a dudar tanto en tener algo fácil y simple, sin compromisos de ningún tipo. Bueno, pues les diré que caí en un error muy grande al pensar que un hombre se iba a aliviar de tener al frente a una chica que no se hace problemas. Eso es una gran mentira. Los hombres, por lo general, y sobretodo el peruano común y corriente, se muere de pánico de una chica que le dice que no quiere compromisos. En su mente, y no es por despreciarlos ni nada, pero vamos, tienen todavía metidas una serie de inseguridades sobre las mujeres que somos mas libres a la hora de elegir pareja, ¿no?

Porque de lo contrario, aquel brote de sinceridad me hubiera asegurado una relación fácil, divertida, sin compromisos. No otro drama más en mi récord.

Pero en vez de dedicar todo un post a quejarme sobre el peruano promedio (porque haré incapié que si le dices lo mismo a un gringo, no la piensa dos veces, eso está comprobado), he decidido aceptar que mi sinceridad no es bien recibida, y para tener algo parecido a una pareja, tengo que dejar eso un poco de lado y no ser tan directa.

En vez de decir cosas como “no quiero tener novio” o “no quiero tener algo serio”, pensar en decir lo mismo de una forma menos cruda, por decirlo de alguna forma. Por ejemplo “me gustaría tener algo y ver como van las cosas”, tal vez sería una versión mas ligera de lo mismo, algo mas digerible y que no cause reacciones tan extrañas como las que experimenté en aquella oportunidad con ese chico al que ya no he vuelto a ver.