Un tipo indiferente quizá sea un patán que no debe tener la menos importancia en nuestras vidas. Pero la cosa es que los patanes no se presentan en la forma común y corriente.
A unos los puedes leer tal cuál, porque son estúpidos, o quizá no han tenido la necesidad de desarrollar una estrategia mas elaborada para acercarse a las mujeres. Tal vez las chicas que conocen no se hacen más problemas con sus actitudes. Entonces creen que tú vas a ceder igual. Si lo has hecho, créeme que no eres la primera.
Hay una especie de gusto especial que tenemos las mujeres por reformar aquello que es irreformable, irreversible. Si alguien no quiere cambiar, no lo va ha hacer. Tú no vas a cambiarlo, eso es algo que él mismo va a hacer, cuando vea que sus actitudes no le sirven de nada.
Créeme que ese encanto bruto que tiene, esa especie de rudeza en su forma de ser que lo hace una suerte de diamante en bruto, no es nada más que una patanería que debes ignorar completamente. No vas a encontrar nada debajo de eso. Al menos no en tipos en sus 20s que piensan en sexo todo el día. No te engañes.
Si te trata como una basura, es porque cree que te tiene en sus manos, te lo va a seguir haciendo porque sabe que la próxima ves que se acerque, vas a ceder nuevamente.
Todavía estás a tiempo de dejar a ese patán que no vale la pena y buscarte algo que sea mejor, porque tú puedes hacerlo, créeme.
Pero bueno, ese es el patán bruto.
Ahora, los mas difíciles de detectar son los patanes refinados. Estos normalmente son mayores (30 años o más) y ya tienen su tiempo en el juego, ya saben como es que vas a caer más fácil, y por donde deben de trabajarte para que te quites los pantalones mas rápido que volando.
Presten atención: un patán refinado te va a enamorar.
Te va a buscar, no va a dejar (como el patán bruto) que tú lo busques. ÉL VA A BUSCARTE. Va a aparecerse con un ramo de flores o unos chocolates en tu casa. Va a llevarte a cenar a un lugar bonito y costoso. Va a correr delante de ti a abrirte la puerta del carro. Va a llenarte el trago cuando se te haya acabado. Va ha hacerte creer que lo tienes en tus manos. Que se ha enamorado de ti.
No solo eso, te lo va a decir. Te va a decir que eres la flaca más chévere que conoce. Luego te va a decir que nunca ha conocido a nadie como tu.
Pero tu no eres idiota. No te crees que alguien sea tan perfecto. Sobretodo porque sus amigos lo fastidian constantemente, diciéndole que es un jugadorazo, que es un pendejo, en el momento en que los ven yéndose juntos no van a faltar los comentarios de doble sentido, y cuando él pasa por su lado, le van a mandar una palmadita en la espalda, como felicitándolo por su nueva “presa”.
Tú le vas a decir todo eso. Incluso, si tienes suerte, resulta que te vas a encontrar con una ex o una amiga que lo conoce, y ellas te van a advertir que no te metas con él, porque en cuanto se aburra de ti se va a buscar a otra.
Él te va a escuchar pacientemente.
Luego de eso, va a llamar a sus amigos, los va a reprender en tu cara, les va a decir que se dejen de huevadas y que tu y él están juntos y eso es todo lo que importa, que se dejen de esos comentarios.
Ellos probablemente dejen de hacerlo. Y tú vas a estar contenta. En el fondo, todavía desconfías de él, pero en cierta forma, cuando lo miras de reojo mientras van camino al cine, lo ves y le crees.
Le crees que tú eres la chica que lo va a cambiar. Que tú, que te crees inteligente y diferente a las otras que tuvo, unas putas seguro, lo vas a cambiar, vas a cambiar al pendejo por un fiel novio.
Hasta que un día deje de llamarte. Hasta que un día, cuando lo llamas, porque quedaron para salir mas tarde, el te responda medio ebrio que ya se fue a la casa de unos amigos. Y tú, maquillada y arreglada, te sientes la chica más triste y patética de este mundo. Te va a pasar, y vas a preguntarte si tú tuviste la culpa de algo.
Te vas a engañar y pensar que lo presionaste mucho, que insististe mucho.
Al día siguiente, él se va a presentar en la puerta de tu casa con un ramo de rosas enorme, unas disculpas enormes, y te va a rogar que no lo dejes, te va a prometer por su madre que nunca va a volvértelo ha hacer. Te va enviar flores al trabajo, y tu, que estás en su red, vas a volver a caer. Vas a volver a creerle.
Te va a decir que a él le cuesta decir sus emociones porque siempre ha sido una persona que se las guarda, una persona que no buscaba compromisos. Pero ahora ha cambiado.
Pero resulta que han quedado para ir al cine, y no te llama. No lo vas a llamar, de seguro está en camino. Pero son las diez y no llama, y no se aparece en la puerta de tu casa. Estas harta y lo llamas. Él ya se fue ha hacer otra cosa. Encima, te reclama: “Estas presionando mucho”.
Ahora es cuando debes colgarle y olvidarte.
Lo más probable es que el patán refinado ya se haya emocionado con otra chica. Quizá está, en ese mismo momento en que lo llamaste, con una chica en el cine, o tomando unos tragos, o en el mismo restaurante a donde te llevó. Ese es su modus operandi.
Así funcionan los patanes refinados.
Lo que debes hacer, si quieres librarte ahora mientras puedes, es caminar de la escena y correr. Si vuelve a llamarte, si vuelve a pedirte que lo perdones, bota sus flores a la basura, no le abras la puerta de tu casa. Por más que te llore, por más que se quede en la puerta de tu casa, cual perro faldero, pidiéndote perdón.
Va a insistir. Va a insistir más todavía, porque ahora lo estás ignorando. Si te llama, no le contestes. Y si te sigue llamando, apaga tu celular. Préndelo al día siguiente y vas a ver cuantas llamadas vas a tener en tu celular. O quizá, cuando regreses a tu casa, vas a verlo en la puerta, esperando, y te va a interrogar. Te va a preguntar donde has estado. Te va a preguntar con quién.
Pero no debes ceder. Debes seguir haciendo lo mismo. Quizá algún día se canse.
Sal con tus amigas, que de seguro dejaste olvidada porque él te dijo que ellas no te hacían bien. Seguro te dijo que fulanita de tal, tu pata del alma, es una solterona que odia a los hombres, que te tiene envidia. Y que la otra, mengana de tal, es una perra que se le insinuó.
Vuelve a salir con ellas.
Seguro te han extrañado.
El sabado tuve la suerte -me gusta verle el lado positivo a las cosas- de conocer al fulano mas berraco que he podido conocer en toda mi vida. Un verdadero pacharaco en todo el sentido de la palabra PACHARACO. Es decir, PA-CHA-RA-CA-SO. En fin, así fue como comenzó, lo que me gusta llamar, la noche del terror.
