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Esas cosas que solo pasan cuando la iluminación es pobre y la cerveza abunda.

El telo (I)

Por mucho tiempo pasé por la calle caminando por la puerta sin pensar que algún día podría entrar ahí con algún fulano X, y finalmente consumar la que vendría a ser mi “primera vez” en el cuarto de ese hotel que quedaba (coincidentemente) a dos cuadras de mi casa.

Solo cuando escuché que aquel hotel, que para mi no tenía ningún significado y pasaba desapercibido en los miles de hoteles que pululan la Av. Aviación y sus alrededores, era en verdad un punto de encuentro de muchas parejitas caletonas, recién fue ahí donde me percaté que ese era el lugar donde finalmente lo haría. Contigo.

Me haces sufrir. No sabes como quiero sacar de mi cabeza esa idea estúpida que se formaba cada vez que pasaba por la puerta de ese hotel. Me imaginaba todos los detalles, a manera de sadomasoquismo, como sería si alguna vez fuéramos.

Pensé en los detalles mas absurdos. Como por ejemplo, ¿cuando? De noche saliendo de una fiesta, de tarde después de clases, ahora mismo que estoy tan aburrida, podría levantar el teléfono y llamarte.
¿Sabes que? Cada vez que pasaba por la puerta del hotel (era inevitable, porque justo el micro me dajaba en esa esquina) para ir a casa, veía el estacionamiento del frente y siempre (siempre, se los juro) había un sitio vacío. ¿Nos estaba esperando? Yo sonreía pensando que era una señal, un buen augurio.
Igual, como ya te lo dije, me haces sufrir.

Muchos meses después pasé ahí y miraba ese mismo espacio vacío, pero ya tenía un aire de burla, de mofa. Nunca llegaríamos a ir. Al menos juntos no. Quizá uses ese point con tu flaca (de seguro tienes una enamorada de toda la vida) pero no conmigo, la otra, la que conociste, te gustaba pero con la que nunca llegaste a nada.

Igual seguía torturandome. Aunque tratara de evitarlo, mi cabeza iba nuevamente al mismo lugar. Entrando por la puerta. Pagando con tarjeta. Subiendo en un ascensor. Abriendo la puerta. Quitándote la ropa. Quitándome la ropa. Echándonos sobre la cama. La luz apagada. Descubriendo tu boca nuevamente.

Me haces sufrir. Tu y ese maldito telo.

Bienvenidos al rito

Sabado. Una de la mañana. Me encuentro en una conocida discoteca limeña. Esta noche me decidí a verme como una verdadera Diosa y para esto he aplicado las estrategias mas duras, penosas, trabajosas y doloras que hay: pestañas postizas, sosten con relleno (no mucho, tampoco me quiero ver como una extra de baywatch), depilación con cera, depilación con pinzas, un exfoliación completa, manicure, pedicure, toneladas de crema para la piel, perfume en lugares estratégicos, ejercicios (esta comprobado que justo despues de hacer abdominales la wata se ve mas tonificada), y por último, comprar un vestido verde que me encantó desde que lo vi.

Así fue como me encontraba el sabado por la noche, parada en la barra, con un chela en la mano, esperando…

Cuando de pronto, en un vaho de humo de cigarro, me pregunté a mi misma: ¿Esperando? ¿Esperando qué?

Esperando ser parte de el mismo ritual que completo todos los fines de semana a la perfección. Sentarse en la barra, esperando que ese idiota con el que cruzaste miradas se decida, despues de 4 chelas seguidas, a sacarte a bailar. Cuantas veces mas me voy a sentar a esperar a que finalmente se decida a hablarme. Si a los 21 años ya estoy cansada de este ritual ridículo, donde el hombre aparentemente tiene la sartén por el mango, imagínense que va a ser de mi vida los próximos 10 años de soltería, que muy provisoriamente, me he “otorgado” antes de asentarme, tener una casa, hijos, y todo eso que uno tiene cuando comienza a llegar a las 30.

No hay nada que me gustaría mas que poder tener la libertad de acercarme al pata que me gusta y plantearle de buenas a primeras que me interesaría bailar con él un rato, y si el también está interesado, pues bien, y si no, seguiré circulando. Sería la cosa mas liberadora que una mujer puede hacer, en vez de sentarse a esperar que él tome la iniciativa.

Pero como siempre, las cosas nunca funcionan como en mi imaginación.
Pasada la una de la mañana una se tiene que enfrentar a una jungla de hombres maltrechos que vienen a sacarte a bailar. Aceptémoslo, la gran mayoría de los tipos que pasada las 2 o 3 de la mañana y no hay ligado con una chica, es porque han tenido que tomarse la barra entera para darse valor o han sido rechazados unas cinco o seis veces. No es por nada que a esa hora, la discoteca se vea atiborrada de parejitas que no viste cuando habías llegado. Exacto. Porque se han formado en el transcurso de las horas en que estuviste conversando con tus amigas, ignorante de que ESE era tu momento de exhibirte.

Pero, ¿que pasaría si una mujer tomara la iniciativa?
Por lo que sé, creo que muchos hombres pensarían que es una fácil. Que le estás planteando otra cosa, a pesar que tu crees que tomar la iniciativa a él le puede parecer sexy, en verdad, a muchos hombres les molesta que una mujer se tome esas libertades. Depende del hombre claro, y de la situación.
De hecho, en otras sociedades, como la argentina o brasileña esas cosas no son tan extrañas. Digamos que son mas abiertos a la relaciones. En cambio los peruanos, somos unos rochosos de miercoles.

Pero muy aparte de esa verguenza que es parte de la personalidad de los peruanos, en general, somos una sociedad machista, donde el hombre es el que DEBE tomar la iniciativa para todas las decisiones.
Así que lo mas probable, con temor a equivocarme, es que te rechacen cuando te acerques a ese chico que te gustó en la discoteca y le plantees muy resuelta que quieres bailar con él. Te van a creer una loca, una fácil.

La única estrategia que nos queda chicas es quedarnos paradas en nuestra mejor pose, rechazar rotundamente aquellos que no nos interese (por mas sola que te sientas, no vale la pena) y si hoy no pasó nada, quizá otro día si.

O comprar un pasaje a Buenos Aires o Sao Paulo.

Lujuria

Me como las uñas. Me sudan las manos. Camino sin sentido por la calle. Me olvido hasta de peinarme. Ando con una sonrisa estúpida en el rostro. Todo me parece color de rosa. Los dias grises, tipicamente limeños, no tienen el efecto maniaco-depresivo que tenían antes. El mal humor de mi padre y su ultra pesimismo no tiene cabida en mi vida. Me siento que vuelo sobre una nubecita diez centímetros por encima de todos.

A mi estas cosas me pasan muy rara vez.
Yo no creo que en amor a primera vista. De hecho, yo creo que si dos personas se ven en la calle, y resulta que existe una atracción instantánea, pues es pura lujuria, puro deseo carnal, puro sexo. No hay forma que el amor, un sentimiento tan complejo, se descubra en dos segundos en que cruzas miradas con un fulano que atiende en el supermercado o en un café cercano a tu casa.

Como ya lo dije antes, estas cosas no me pasan muy seguido. Esos “amores a primera vista”, que yo prefiero llamar Lujuria siempre pasan en el momento mas inesperado.
Quizá la primera vez que tuve uno de esos rayos que te caen del cielo que te dejan perpleja y feliz fue cuando llevé un taller de teatro hace tres años atrás. Por esos tiempos, yo tenía 19 años (ya voy para los 22) y conocía muy poco sobre las relaciones.

Yo siempre he sido una chica que le tiene especial aversión a todo ese romanticismo huachafo que tanto les gustaba a mis compañeras de clase, amigas, tias, primas, entre otros; Y nunca fui de las enamoradas que esperaban el Dia de San Valentín con ansias.

Así que aquella primera vez que crucé miradas con G, fue exactamente como si un trueno hubiese traspasado el techo de la clase y me hubiera partido en dos. Sonreí por supuesto y mantuvimos una sonrisa cómplice sin siquiera conocernos o saber nuestros nombres. Asi habremos estado un espacio de tiempo infinito en que ambos nos sabíamos complices del otro, dentro de la misma sintonía… o al menos así lo sentía yo.

Luego de eso, al momento de desarrollar otras dinámicas, conversamos un rato mas y llegamos a empatar muy bien dentro de un flirteo natural que brotaba de los dos como si las fuerzas cósmicas del universo nos hubiesen juntado en ese momento, en ese lugar con el propósito de conocernos y algo más. Al menos yo lo sentí así. En ese momento pensé que debía seguir adelante con un sentimiento tan fuerte. Así que en dos semanas más ya le había sacado su número y había organizado una reunión “casual” en mi casa con la finalidad de reunir a esa manga de idiotas que conocí ahí, pero principalmente, meter a G a mi territorio, tenerlo en casa, pachamanquearmelo como bien había imaginado, repetidas veces, metida bajo mis sábanas.

Con el pasar de las horas de aquella nefasta reunión, me fui dando cuenta que G tenía líos sin resolver con una ex (los EXes deberían simplemente desaparecer de nuestras vidas, por algo son “ex” ¿no?), que no dejaba de acosarlo, y por cada llamada que yo hacía a su celular, se alejaba paso a paso la posibilidad que algo pasara entre nosotros. Finalmente la magia del principio se desvaneció y quedaron solo cenizas que se llevó el viento con mucha facilidad.

Esos fueron tres meses del verano bien aprovechados, a pesar que no me resultó como yo hubiese querido.

La segunda vez que me pasó, fue cuando estuve de viaje en USA, pero no con un gringo, sino con un brasileño. Claro, los chicos y chicas que hayan conocido a un brasileño/a y lean este post, probablemente pensarán que eso les pasa a todos con un brasileño/a, porque ellos son muy abiertos al sexo, etc… pero bueno, es mi experiencia y la voy a contar de todas formas, porque algo tiene de especial para mi.
Me pasó exactamente lo mismo que con G, pero todo fue mas rápido (con los brasileños siempre es así). Cruzamos miradas cuando coincidimos en las compras semanales, y desde ese momento, cada vez que me lo encontraba en algún lugar común, había ese chispazo de la atracción mutua. Hasta el día en que coincidimos (por fin) en una fiesta, y si bien se acercó a mi en un principio, y había, si, una gran atracción de por medio, no iba a meterme a la cama tan facilmente. Pues esto a él le pareció un poco aburrido, así que cuando pudo, me tiró a un costado y se consiguió algo mas fácil. Que se le va ha hacer. El “amor” a primera vista no es algo que dure mucho.

Yo creo que esa atracción mutua es dificil se encontrar. Normalmente cuando conozco a un tipo y me doy cuenta que le gusto, pero él no me parece nada especial, pues hay una conexión, porque a una le gusta sentirse atractiva, pero no es algo que nazca de los dos. Con el tiempo, si es fulano en cuestión tiene características aparte de su físico que encuentro atractivas, puede que surga algo. Me imagino que eso le pasa a muchas chicas, y chicos también.

Mujeres mas maduras que yo me han sabido aconsejar, y me dicen que si bien ahora esa atracción instantánea, esa química que yo busco en otra persona, no es algo que tenga que aparecer a los cinco minutos de conocerlo. Es algo que se trabaja en pareja, algo que se construye.

Seguro que lo debe ser.
Pero por ahora, abramosle paso a la lujuria. Quizá lo otro llegue… con el tiempo.

Los dejo con esta canción, una de mis favoritas y parte de la banda sonora de mi vida, que me parece idílica para este post, y encierra todo lo que siento en esos momentos de lujuria y perdición, mientras camino por la calle, pensando en ese chico que me devolvió la sonrisa en el supermercado.

Gustavo Cerati - Paseo Inmoral, en Viña del Mar 2007.

Cuarenta y veinte

 El sabado tuve la suerte -me gusta verle el lado positivo a las cosas- de conocer al fulano mas berraco que he podido conocer en toda mi vida. Un verdadero pacharaco en todo el sentido de la palabra PACHARACO. Es decir, PA-CHA-RA-CA-SO. En fin, así fue como comenzó, lo que me gusta llamar, la noche del terror.

Sabado. Diez de la noche. Me encontraba en la casa de mi amiga C ayudandola a decidir entre ponerse un polo negro o blanco, o strapless, o mejor un jean o mejor una falda, pero no este polo porque sino tengo que cambiarme de zapatos, o mejor me cambio de zapatos porque en verdad me duelen los pies, pero mejor no porque me veo mas alta… Era cumpleaños de su hermana y yo había sido invitada no se por qué. La verdad es que C no quería estar sola entre los amigos de su hermana, y invitó a su manchita: nosotros. Yo fui la primera en llegar, de manera puntual (estoy practicando la puntualidad y la disciplina como nuevas resoluciones para este año, ojala las cumpla) a las 9.30 exactamente, hora en que el taxi me dejó en una casa de dos pisos en surco. No era la casa de C, sino la de sus abuelitos, y bien, pasé a conocer a la familia y de paso ganarme con todo el conflicto familiar…

Los papas de C se están divorciando, y la tensiòn familiar no podìa ser mas obvia. La mama lo miraba con recelo, la abuelita de C ni siqueira se dignaba a mirarlo. Su papa insistía en tener una conversación normal con C, pero ella lo evadía. Su hermana no quería saber nada del asunto. El hombre caminaba por la fiesta como la peste bubónica, y todos corrían en dirección contraria. Felizmente, al poco tiempo, llegaron los demas del grupo y nos sentamos a conversar, esperando el ansiado Japiverdei que se canta a las 12.

En un momento de la velada, casi llegando a las 12, el celular de C sonó. Ella miró la pantallita y se levantó para contestarlo. Al regresar a la mesa, dijo: Viene B (su novio) con un amigo.

Viene B con un amigo. Mi cabeza paranoica puso todas las piezas en orden. Viene B…. con un amigo. Carajo, otra vez trataban de juntarme con algún imbécil.

Esto ya es historia conocida. Desde que tengo uso de razón, andar “sola” nunca ha sido un problema para mi. Primero porque yo no considero que estoy sola. De hecho conozco un montón de gente, no solo mi mama y papa, que me quieren y se preocupan por mi, así que dificilmente estoy sola. Y segundo, como toda chica de 21 años, simpática y buena gente, tengo mi jale, así que por eso no me preocupo. Pero, aparentemente mis amigos si. Y así lo han hecho desde que tengo uso de razón. Desde el colegio, cuando a los once ya habían parejitas floreciendo por aquí y por allá, mis amigas me miran como quien ve a un perrito cojo caminando por la calle, sin pareja y sienten pena. ¿Pena? ¿Por que tendrían que tener pena?

Yo no voy por ahí diciendo que me siento miserable, si que me encantaría tener un novio, ni nada de eso. Yo vivo la vida, no dejo que la vida me viva. Si señora, así es, yo no me siento miserable por andar sola. Mejor sola que mal acompañada, ¿no? Mi vida no va a ser vacía por no tener a un peor-es-nada a mi lado.

Ya terminado ese pequeño discurso, proseguimos con la historia…

Asi que, pasados 30 minutos, se aparecen por la entrada de la casa dos fulanos. Uno de ellos era B, y el otro, un fulano que no recuerdo como se llama pero que denominaré con mucho cariño El Pacharaco.

Al Pacharaco le gustan tres cosas: hablar de su chamba (maneja las exportaciones e importaciones de una empresa gringa multinacional… como si me importara), de cuanta plata maneja, y de cuanta plata manejan sus clientes.
Es decir, podemos reducir su conversación a una sola cosa: plata y mas plata. Divino.
Cuando conocí a B me cayó bien. Era un tipo buena gente, y gracioso, de esos con los que congenias facil. Pero al verlo al lado de su amigo Pacharaco, me di cuenta que no sólo era sus bromitas vulgares, sino que además de eso, ambos eran un par de viejos verdes.
Ah si, deben rodear los 35 años, porque a ambos, y sobretodo al Pacharaco, se le notan las trajinadas, se le notan las juergas, se le nota que está bien demacrado. Y lo peor de eso, que al lado de un par de veinteañeras como nosotras (ambas de 21) se veían rotundamente ridículos. Yo no podía evitar mirarlo con cierto desdén.
No solo era su forma de hablar y hablar de dinero, para impresionarme obviamente, sino que desde arranque había demostrado ser un conchudo en todo el sentido de la palabra. Si no hablaba de su dinero, pedía que le rellenaran el vaso de whisky. Por supuesto, al ser la casa de C, ella era la babosa que tenía que ser conejita de playboy y traerles el whisky a ambos con dos hielos por favor y te apuras flaquita, jajajajaja. En un momento de la conversa, el Pacharaco se me acerca y en un tonito que me hizo recordar a mi papá me dijo: ¿Y tu cuantos añitos tienes?
Se me escarapeló la piel. Lo vi como un pederasta en acción y dije “21″, al mismo tiempo que aguantaba los chifles y el vino que se amontonaban en mi garganta. Pacharaco procedió entonces a desparramarse sobre la silla, con los ojos saltones, y a sobarse repetidamente la cara, como si quisiera deshacerse el rostro con las manos. “Puta, que calor hace, carajo”, decìa de cuando en cuando. Yo seguìa sirviendome vino, rogando para que esta noche pasara mas rápido, esperando que el vino hiciese esta velada mas graciosa, mas ridicula e insignificante.
En un momento dado, el Pacharaco se vió sin whisky en su vaso. Yo estaba sentada tomando mi vino. El pacharaco me miró y tronó los dedos para llamar mi atención: “Flaquita, llenate este vaso pues”. Y acto seguido me guiñó el ojo.
Yo lo miré sorprendida y comencé a reirme. En verdad me comencé a CAGAR de risa. Pacharaco no entendía por qué me reía, tal vez pensó que estaba jileando con él, aún no lo sé. Después de reirme un buen rato, seguí tomando mi vino, como si no hubiese pasado nada. C se apareció y se fue a la cocina con el vaso de whisky. En fin, es su casa.

Pero ahí no acabó la velada el terror. B se me acercó y me dijo “que planes”, a lo que respondí “naranjas”, a lo que respondió “vao a una parrillada”, a lo que respondí “quienes van a ir”. Entonces B me mintió descaradamente, cosa me di cuenta mucho después, y por lo que ya no voy a salir con él y C. Me dijo que el Bachelor (que en este momento se veía completamente irresistible) iba a estar ahí. Él sabía que si me decía eso iba a ir. Me estaba engañando vilmente. Acepté, por supuesto, pensando que podía librarme de Pacharaco una vez que viera al Bachelor.

Subimos al carro de B a eso de las 2 de la mañana, medio alcoholizados y dispuestos a rumbear, al menos yo si. En el camino, paramos en un grifo y tuve una de esas pausas que uno hace en medio de una juerga, ese STOP donde ves la realidad sin tanto movimiento, sin tanta chela, sin tantos juegos mentales. ¿No les ha pasado? De pronto la noche es una especie de sueño, todo pasa rápido, y de pronto de ves en un grifo en el carro de un par de viejos, y no se por qué, pero la visión de un pobre niño vendiendo dulces me causó tanta pena… Sobretodo cuando B y Pacharaco lo ignoraron en camino a la tiendita del grifo. Me dio tanta pena, y al mismo tiempo me regresó a la realidad. ¿Que hacemos aquí, C? ¿Que carajo hacemos aquí, si cualqueira de nosotras puede conseguir un fulano mejor que cualquiera de estos?

De pronto los chicos que había rechazado antes, chicos de mi edad, o un poco mayores que yo, digamos en sus veintes, chicos que había rechazado por inmaduros o por muy chibolos, de pronto esos chicos parecían mil veces mejores que B y, por supuesto, Pacharaco.

Podría decir que fue culpa de la regla, que tan puntual como siempre, me vino justo al día siguiente, o mas bien, ese dia pero mas tarde. Quizá estaba sensible por eso. O quizá estaba viendo las cosas desde esa perspectiva que te da la noche, que oculta cosas y te las muestra, así de crudas para que te des cuenta. Quería decirle a C todo lo que pensé en esos diez minutos en que demoraron en subir al carro. Pero C me interrumpió: “Vamos a ir a la parrillada, y de ahi a bailar, a donde nos lleven los chicos”

¿Chicos?, pensaba. ¿Que chicos? Chicos son los que rechacé, chicos son esos misios que no tiene plata ni para invitarte a comer, ni para pagar el taxi, esos que prefieren quedarse en casa viendo peliculas pirata. Esos son chicos. Mil veces esos chicos, mil veces que no sepan bailar, mil veces que sean unos inmaduros, mil veces que prefieran ver un partido de futbol, mil veces que te traten como un pata mas, mil veces todo eso.

En ese momento estaba dispuesta a bajarme del carro, caminar a la javier prado y tomar el primer taxi que me llevara a casa. Pero no lo hice. Tal vez por cobarde. Tal vez por eso C se quedaba en el carro también. Porque le tenía miedo a andar sola, le tenía miedo a estar sola como yo, esperando a que de verdad te guste un chico, porque quien sabe cuando pasará eso, pero sabes que C, prefiero esperarlo.

Anyways, los “chicos” subieron al carro. Zarpamos hacia la parrillada. Para hacerla corta: MAS VIEJOS. Y si, cuando digo mas viejos, me refiero a que habían puros viejos y de esos que ya están pisando base 4. ¿Bachelor? No estaba. Por supuesto, pero seguro que su papá si estaba por acá. Creo que uno que otro debe ser papa de una amiga… en fin, yo me sentía fuera de lugar. Decidí entonces, que si bien ya estaba en este lío, y tenía que encima de eso, aguantar unas tres o cuatro horas de baile, iba a hacer el ridiculo total. Iba a comportarme como una berraca total, iba a ganarle al Pacharaco en su propio juego de pacharacadas. Solo de esa forma, iba a librarme de él.

Felizmente, la velada terminó temprano, y como prometido antes, B me dejó en casa antes que llevara a C a la suya. Pacharaco no nos acompañó. Felizmente logré decepcionarlo.
Esa noche me curó de esa idea que tenía hace tiempo rondando en mi cabeza, esa de probar en aguas mas calmas, mas añejas, y alejarme de los mocosos que tanto detesté. Supongo que todo pasa por una razón.

Ahora, chicos, los he aprendido a apreciar mucho más.

“Salsas” o no “salsas”?

¿Mi vida está signada por la envidia hacia los demás?

Este fin de semana se suma otra a la lista de Momentos de Celos Mas Grandiosos de la vida de Carolina Beltran (¿nueva categoría?).
Habíamos salido a ver una pela con unas amigas, y no se cómo acabamos en una discoteca del sur bailando… cosas de la vida, supongo. Yo, animadísima. Mi amiga “C”, no mucho. Hace unas semanas que rompió con su novio y tenía problemas en casa… bueno, ¡que importa! le dije, es sábado, hay que divertirse. Pero “C” no es de las que salta de alegría con las fiestas, de hecho, es una persona mas reservada… a primera vista. Yo, por el contrario, estaba emocionada por dos razones: la primera, que iba ha hacer algo mas divertido que lo que habíamos pensado en un principio… es decir, ¿quien no cambiaría pizza y pelas con amigas por discoteca en la playa y chicos?… Y la segunda, claro, no tengo que explicarla: CHICOS. Mi otra amiga “O” nos llevó bajo el pretexto de conocer a dos “galanes” amigos de su enamorado. Vale. Me animé, “C” no mucho. Bueno, pensaba, mas para mi!

Después de una conversa en la casa de uno de ellos, partimos en grupo a la disco. Todo bien, buena música, buen reguetón, hasta que la tenían que cagar y meterte la odiada SALSA. Para aquellos que no podemos dar de vueltas y vueltas agarrados de las manos y coordinar el cuerpo de la otra persona mientras tratamos de no pisarlas, pues nos resulta MUY DIFICIL (diría que para mi sería una cosa imposible) bailar esta cosa que le llaman SALSA y que supuestamente nos tiene que “identificar” a todos los latinos.

Para esto, el numero de galanes disponibles se vio minado bajo la mala suerte que el supuesto Bachelor numero 1 tenía -por razones que nadie supo explicar bien- un anillo de casado. No, no soy una rompe-hogares, así que lo dejamos ahi nomas, chocherita. El segundo Bachelor, estaba BIEN digamos. En una escala del 1 al 10, le doy un 5 redondo. Pros: Alto, simpático, gracioso. Contras: Estaba ebrio (ellos ya estaban tomando desde el medio día, así que nos llevaban un poquito de ventaja), y era medio pendex. Ustedes dirán: ¿No son todos los hombres medio pendex? Si pues, pero si bien unos lo saben esconder mejor que otros, a este fulano discreción le hacía falta a gritos. Saludaba a TODAS las chicas del local, y mientras esperábamos en la entrada creo que le sacó el número a una. Bueeeeno, pensé, está bien para divertirse un rato.

De plano ya me le pegué porque no me gusta andar sola en las discotecas a las tres de la mañana (a esa hora llegamos), porque hay toda clase de fulanos medio psicópatas que andan navegando por ahí en pro de sacarte a bailar para ponerse todo romanticón contigo. Conversamos un rato junto a la barra mientras el esperaba el decimo cuarto trago y yo, sanisima, el primero. Vodka y algo mas que parecía agua tónica. “C”, que se le notaba algo incómoda, pareció animarse un poco cuando entramos, pero no fue hasta que escuchó una salsa de Hector Lavoe que comenzó a dibujar eses con los pies sobre el piso.

El Bachelor 2 estaba tan sorprendido como yo. A mi esto ya me pasaba con frecuencia, digo, el que otras sepan bailar salsa mejor que yo. De algo de lo que si me enorgullezco es que no tengo roche para cometer errores garrafales en la pista de baile. Esto es algo que se aprende a punta de metidas de pata, y cuando uno llega a la conclusión que hay ciertas cosas que uno no va a dominar. Como sea, yo seguía haciendo el intento de bailar, al igual que el Bachelor 2. Hasta cierto punto pensé que bailábamos juntos, pero en un momento dado,”C” estiró sus brazos y se jaló -ok, aqui es donde empiezan los celos- a mi pareja y me dejó en ascuas. No sólo me dejó tirada, sino que con sus movimientos parecía decirme “Así es como se baila, flaquita” y no pude evitar sentir un poco de envidia.

Bueno, pasó el incidente y el Bachelor 2 comenzó a bailar con las dos. Entonces empezó una especie de lucha por quién movía mas las caderas: “C” o yo. Para su desgracia, cambiaron a una de los Orishas que me encanta, y fue donde pude hacer una bajadita que, modestamente, me quedó bien sexy. Pero al toque “C” no perdió el tiempo, y como si hubiese hablado con el Dj, pasaron de nuevo a una salsa asquerosa. Ah no, dije, ahora no me la vas ha hacer. Agarre al Bachelor 2 y me puse en posición de “salsear”… obviamente no tenía idea de lo que estaba haciendo. Intenté recordar mis “salseadas” previas, pero todas habían sido desastrosas. Tratar de imitar a “C” me salió muy pobre, pero al menos no perdí la calma y al final le dije al Bachelor algo así como que soy negada para la salsa. El se rió, y espero que con la borrachera y todo no recuerde bien mi pobre perfomance.

Nos fuimos a descansar un ratito, y yo me sentí como en esos programas de la tele, donde un chico y dos chicas salen en una cita a ver con quién se queda el patita al final. Sentía que perdía puntos, pero tampoco tenía muchas ganas de lucharlos, me entienden? Digamos que no era un tipazo y podíamos decir también que si fuera por él nos tendría a las dos sin dudarlo. No es de los que discriminan. Así que no me hice paltas. Decidí ser yo misma y dejar que fluya.

En eso, veo que “C” comenzó a pasarle la mano por el brazo al Bachelor. Ahora, si ustedes han seguido este blog, sabrán que ya tengo antecedentes con esta clase de comportamiento. Pero eso no fue lo peor, en un momento, “C” lo abrazó, como si ya fueran patas de antes. ¿Me quería decir algo con eso? ¿Estaba retándome?

Supongo que esa es la forma de ser de “C”, aunque puedo decirles que ella es muy competitiva, y desde que la conozco siempre hemos tenido un poco de fricción en ese tema, pero de forma académica nomas, ya que teníamos cursos juntas. Pero también se que ella es bien “cariñosa” con los hombres. Es de esas chicas que les gusta abrazar a sus amigos, tocarlos, incluso una vez le plantó un beso en la cabeza a un chico, que dicho sea de paso, se quedó medio idiota, como que no sabía que era lo que pasaba.

Yo, por el contrario, considero que ese tipo de caricias suceden cuando uno tiene mas confianza en la persona. Para mi es algo mas intimo. No voy a abrazar a alguien que apenas conozco… aunque, pensándolo bien, en ciertas ocasiones lo he hecho, pero solo fue porque sentí ese CLIC, ese sexto sentido que te dice que la persona con la que estás conversando está en la misma sintonía que una, que hay cierta química (dicho sea de paso, hace tiempo que no siento eso). Digamos que lo podría hacer, pero para mi abrazar a un chico ya significa otra cosa. Por eso, al ver a “C” haciéndolo, pensé que había sentado una especie de Zona de Combate de manera inesperada, y que ahora me veía forzada a superar lo que ella había hecho.

En ese sentido, me molestaba. Me parecía que jugaba sucio. Mi primera impresión fue de fastidio, y me dieron ganas de dejarme vencer (como había hecho en otras ocasiones). Pero, si realmente quería estar con este chico (aunque no de esa manera especial que te hace sentir mariposas en el estómago), ¿que debía hacer? ¿agarrarmelo de una vez y sellar el trato?

Ese incidente no siguió mas adelante, pero en otro lugar, en otro contexto, tal vez ellos si hubieran agarrado. O tal vez yo me lo hubiera agarrado, que se yo. A la hora de despedirnos, yo lo hice de manera casual, con una sonrisa como siempre, un cuídate y un besito en la mejilla. “C” se fue a todo dar: abrió los brazos y le mandó otro abrazo de oso, al que al parecer estaba acostumbrada a dar, y un besito en la mejilla. Nuevamente me sentí violentada. ¿Que carajo pasa aquí?, pensé.

Cuando estas cosas pasan, normalmente vuelvo a pensar en mis relaciones anteriores y pienso que he debido ser mas agresiva, mas como “C” y tomar el toro por las astas, en vez de dejar que las cosas fluyan. Pero una cosa es cierta: la única vez que supuestamente “tomé el toro por las astas” no acabé muy bien. Me sentí mal, porque estuve con un tipo que fracamente no me gustaba mucho y terminé con la autoestima baja un par de días. ¿Gané algo? ¿Me dieron algún premio por buena cazadora?

En el juego del amor (suena huachafísmo decirlo, lo sé!) uno puede ser una de dos cosas: predador o presa. Yo no soy ni una ni la otra, sino todo lo contrario: soy uno de esos animalitos que cruzan las autopistas y los atropella un camión.
Puaj… puré.

¿Ustedes que dicen?

imagen: ¿muy cachosa? http://mydproducciones.blogdiario.com/1173808920/